La miseria también es mental: el subdesarrollo político de Cuba

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Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- En una sociedad empobrecida por la exclusión política, el pensamiento —cualquier forma de pensamiento— también se empobrece. Se empobrece todo.

Una sociedad que no permite el ejercicio pleno de derechos y libertades políticas termina generando fuerzas que se le oponen, pero ese no es un ciclo virtuoso: lo que emerge en oposición, al menos en parte, no porta un signo distinto de aquello que pretende superar.

Por el contrario, reproduce desde la indigencia intelectual, ética, de valores y de recursos políticos a la que ha sido condenada, desde la miseria espiritual y material que le es impuesta, la pobreza de ideas y de pensamiento que adversa. Es una paradoja política perversa.

Es necesario comprender el subdesarrollo político en Cuba, su costo y sus secuelas, porque la suma de sus contradicciones es lo que finalmente nos hundirá, incluso cuando quienes hoy están derrotados ya no estén.

Esa será, de muchas formas, su persistencia y nuestra desgracia: tener que lidiar con el pasado empobrecido.

Otros podrán subestimarlo, yo no; en hombros de esa pobreza y superficialidad de pensamiento, de esa mezquindad y banalidad en las ideas, cabalgó siempre el odio, la intolerancia y la indiferencia.

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