Las Tunas abre una escuela para aprender sobre la corriente que no llega

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Por Randy García

Las Tunas.- Ya no hallan qué inventar en Cuba. Después de décadas sin resolver un solo problema energético, ahora resulta que la gran noticia nacional es la inauguración de un aula en la Universidad de Las Tunas para enseñar a los estudiantes cómo funcionan los parques fotovoltaicos.

El país lleva años graduando ingenieros, técnicos y especialistas, pero parece que alguien descubrió en 2026 que para operar paneles solares hace falta capacitación. Tremendo hallazgo científico.

Según explican las autoridades, la Empresa Eléctrica no tenía capacidad para formar a tanto personal. La misma Empresa Eléctrica que tampoco tiene capacidad para evitar los apagones, garantizar combustible, mantener las termoeléctricas o explicar por qué media isla vive alumbrándose con linternas. Pero no importa. Ahora tendremos especialistas perfectamente entrenados para trabajar en instalaciones que producen electricidad durante el día, mientras por la noche los cubanos seguirán cenando a la luz de una vela.

Lo mejor de todo es el entusiasmo con el que presentan el proyecto. Hablan de laboratorios modernos donde los alumnos podrán tocar los equipos, conocer los parámetros y familiarizarse con la tecnología. Es decir, tendrán más contacto con los paneles solares dentro del aula que muchos cubanos con la corriente eléctrica dentro de sus casas. Al paso que vamos, el laboratorio terminará siendo el lugar mejor iluminado de toda la provincia.

La visión también es ambiciosa. No quieren quedarse solamente en Las Tunas. Aspiran a convertirse en referencia para todo el oriente cubano y, más adelante, preparar especialistas para parques eólicos. Uno escucha esas cosas y parece que está leyendo el programa espacial de la NASA. Mientras tanto, en los barrios la gente sigue preguntándose cuándo llegará el agua, cuándo regresará la corriente y cuándo dejarán de romperse las termoeléctricas cada quince minutos.

Al final, el régimen ha encontrado una nueva fórmula para vender esperanza: inaugurar aulas. Antes inauguraban vaquerías, centrales azucareros, fábricas y hoteles. Ahora inauguran salones de clases y laboratorios como si fueran la octava maravilla del mundo.

Quizás dentro de unos meses inauguren un aula para enseñar cómo sobrevivir 85 horas sin electricidad o un diplomado en encender velas en condiciones extremas. Viendo el rumbo de las cosas, nada debería sorprendernos.

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