
El «multitudinario» acto de solidaridad con Cuba que cabía en una sala de estar
Por Rodrigo Huerta
Santiago de Chile.- La Embajada de Cuba en Chile anunció que el embajador Oscar Cornelio Oliva asistió a un acto en la comuna de Cerro Navia para conmemorar el 73 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
Según la nota oficial, la actividad fue organizada por el recién creado Comité de Solidaridad con Cuba en esa comuna.
Ahora bien, uno mira la foto y le entra una duda existencial: ¿dónde está la multitud? Si ese es el gran acto de solidaridad internacional con la dictadura cubana, la revolución anda más sola que un helado en el Polo Norte.
En el escenario aparece una señora con una guitarra intentando ponerle música a la épica revolucionaria. Unos dicen por ahí que es la reencarnación de Sara González. Detrás, un cartel gigantesco con Fidel Castro abrazando a Salvador Allende ocupa más espacio que el propio público. A un lado, una bandera chilena; al otro, una lona blanca que parece más la decoración de un cumpleaños improvisado que de un evento político internacional.
Lo más concurrido de la actividad, curiosamente, parece ser el mobiliario. Hay más sillas vacías que personas visibles. Incluso la segunda guitarra, apoyada en su base, da la impresión de estar esperando que llegue alguien.
Eso sí, el cartel proclama con entusiasmo: «¡Cuba no está sola!» Y razón tiene. No está sola. Tiene un cartel enorme, dos micrófonos, una guitarra de repuesto y un puñado de incondicionales que todavía creen que en la isla existe un paraíso socialista mientras los cubanos hacen colas para comprar pan, sobreviven a apagones interminables y miles siguen emigrando.
Si el objetivo era demostrar el respaldo popular a la revolución, la fotografía terminó jugando en contra. Hay imágenes que hablan más que cualquier comunicado diplomático. Y esta, precisamente, cuenta una historia muy distinta a la que quiso vender la Embajada.






