
El Madrid no se entregó, el Bayern plantó cara y el árbitro lo remató
Por Yoyo Malagón ()
Múnich.- Lo primero que hay que decir, y que a muchos les va a sentar como una patada en la espinilla, es que el Bayern de Múnich es un equipazo. No es el Bayern de antes, el de las goleadas por inercia, pero es mejor que el Real Madrid. Sobre todo en el medio campo, sobre todo en la presión, sobre todo en la idea. Y eso, cuando te enfrentas a ellos en una eliminatoria de Champions, se acaba notando. Da igual la historia, los miedos escénicos o los himnos: al final el balón pesa y ellos lo manejan mejor.
Pero el Madrid jamás se entregó. Y eso no es un brindis al sol, es un hecho. Durante ochenta minutos mantuvo la eliminatoria pareja, como un boxeador al que le han roto la ceja pero sigue moviéndose. Ni siquiera cuando el Bayern dominaba había esa sensación de naufragio que otras veces sí, la de irse a pique sin remedio. El Madrid estaba ahí, arañando, esperando su momento. Hasta que llegó el error arbitral.
Porque expulsar a Camavinga con una tarjeta amarilla (Doble amarilla) en ese lance es, sencillamente, una barbaridad. No se podía expulsar por eso. Fue un lance más, se llevó la pelota sin intención alguna, no había mala intención. Pero el árbitro quiso ser protagonista y lo consiguió: con uno menos, el Madrid se desmoronó. No de golpe, no como un castillo de naipes, sino por acumulación. Porque con diez contra once, y contra este Bayern, el desgaste es una condena a muerte lenta.
Y aún así, el equipo peleó duro, dio la cara, batalló como si le fuera la vida en cada posesión. Intentó la remontada con un descaro que rozaba la inconsciencia, pero también la épica. Arda Güler fue, sin discusión, el mejor blanco. No solo por cómo recibía y giraba, sino por cómo miraba el área contraria sabiendo que su equipo estaba en inferioridad. Al final dos goles.
Mbappé anotó otro gol, porque eso es lo que hace: aparecer cuando todo parece perdido para dejar un destello que sirva más como consuelo que como solución. El resto se vació, se dejó los pulmones y las piernas en el césped. Se fueron con la sensación de que 11 contra 11, igual hoy estaríamos hablando de otra cosa.
Este equipo lleva unos retoques y tendrá una buena temporada el año próximo, especialmente en Champions, porque en Liga no lo dejan competir. Y no hace falta decir más sobre eso, que ya todos sabemos de qué va la historia. Pero con un par de piezas, con Güler teniendo más peso y con Mbappé haciendo lo que sabe, el año que viene este Madrid volverá a asustar. Eso sí: que no le pongan delante al Bayern con un árbitro inspirado, porque entonces igual ni los retoques valen.






