
Raúl Castro descubre el capitalismo por videoconferencia
Por Oscar Durán
La Habana.- Hay noticias que provocan asombro y otras que provocan carcajadas. La de esta miércoles pertenece a la segunda categoría. Resulta que Raúl Castro, después de gobernar Cuba durante décadas y de supervisar uno de los experimentos económicos más fallidos de América Latina, acaba de descubrir que quizás haya que darle un poco más de espacio al mercado, a la inversión privada y a la iniciativa individual. Es como si el capitán del Titanic apareciera cien años después para recomendar que la próxima vez esquiven el iceberg.
Según informó el Partido Comunista, el general está “plenamente de acuerdo” con las reformas. Menos mal. Después de sesenta años controlando hasta la venta de un tornillo, ahora nos enteramos de que las mejores ideas surgen del debate colectivo y de las discrepancias. Qué alivio. Miles de cubanos que fueron castigados durante décadas por discrepar seguramente estarán emocionados al saber que la discrepancia acaba de ser ascendida a virtud revolucionaria.
La escena es casi cinematográfica: Raúl conectado por videoconferencia, hablando de escuchar al pueblo con los oídos pegados a la tierra. La frase sería hermosa si no fuera porque el pueblo lleva años gritando que no tiene comida, transporte, medicamentos ni electricidad. Al parecer, el problema no era la falta de quejas, sino que alguien tenía el volumen demasiado bajo. Ahora, después de apagones interminables y una emigración histórica, descubren que quizás sea buena idea prestar atención a la población.
Lo más divertido es el lenguaje oficial. Las reformas son “audaces”, “valientes”, “creadoras” y “revolucionarias”. Curiosamente, muchas de esas medidas consisten en permitir cosas que están prohibidas precisamente por el sistema que ellos mismos diseñaron. Es como un pirómano que recibe un premio por traer un cubo de agua cuando ya media ciudad está reducida a cenizas. Primero destruyen los incentivos económicos y luego quieren medallas por devolver una pequeña parte de ellos.
Mientras tanto, la economía acumula años de caída, los jóvenes hacen maletas y el dólar sigue siendo más popular que cualquier consigna partidista. Pero no hay que preocuparse. El Comité Central debate, el Buró Político reflexiona y Raúl Castro alerta sobre la importancia de implementar correctamente los cambios. Después de todo, solo han necesitado más de medio siglo para darse cuenta de que la gente produce más cuando la dejan trabajar. La velocidad de reacción del socialismo cubano es tan impresionante que, si Colón regresara hoy a la isla, probablemente lo nombrarían asesor económico.






