
La reunión extraordinaria de las promesas ordinarias
Por Yeison Derulo
La Habana.- Otra vez el Partido Comunista convocó una reunión extraordinaria para anunciar que ahora sí, de verdad, en serio y sin margen para la duda, vienen las reformas que salvarán la economía. Es una tradición nacional: cada cierto tiempo se reúnen, hablan de cambios históricos, prometen más apertura y luego regresan a casa dejando exactamente la misma cantidad de respuestas que de apagones. Lo único extraordinario de estas reuniones es la capacidad que tienen para producir expectativas sin producir resultados.
Según informaron, habrá más espacio para la empresa privada, más participación de inversores y más libertad económica. La noticia fue recibida con «entusiasmo» por los cubanos, que llevan años escuchando la misma melodía con diferentes arreglos. Es como ese vecino que promete ponerse a trabajar el lunes, pero lleva quince años explicando por qué todavía no ha empezado. Lo admirable es la constancia; lo preocupante es que todavía haya quien espere el lunes.
La sesión se celebró a puertas cerradas, una costumbre revolucionaria tan antigua como eficaz. Al parecer, las medidas son tan transparentes que nadie puede verlas. No hubo detalles, no hubo fechas y no hubo explicaciones concretas. Es decir, hubo exactamente lo que suele haber cuando se anuncia algo trascendental: misterio, consignas y la esperanza de que la población complete los espacios vacíos con imaginación.
Mientras tanto, el ciudadano común sigue participando involuntariamente en el experimento económico más largo del Caribe. Le dicen que viene más mercado, pero no encuentra productos; le hablan de reformas financieras, pero sigue calculando precios con una calculadora y una lágrima; le prometen eficiencia estatal mientras observan cómo los ministerios cambian de número con la misma facilidad con la que desaparece la corriente eléctrica.
Y para cerrar el espectáculo apareció la frase de rigor: que todo esto no significa una desviación del socialismo, sino su desarrollo natural. Después de más de seis décadas de correcciones, ajustes, rectificaciones, perfeccionamientos y actualizaciones, el socialismo cubano parece un teléfono que lleva treinta reparaciones y todavía no logra encender. Pero tranquilidad: seguramente en la próxima reunión extraordinaria anunciarán que ahora sí encontraron la pieza que faltaba.






