La propaganda disfrazada de cultura

Comparte esta noticia

Por Oscar Durán

La Habana.- La escena parece sacada de una caricatura, pero es tan real como la crisis que intenta esconder. Annie Garcés, cantante oficialista y diputada de la Asamblea, vuelve a protagonizar uno de esos espectáculos que la dictadura vende como épicos, pero que terminan rozando lo absurdo.

Esta vez, subida sobre un tanque de guerra, ondeando una bandera cubana como si estuviera en medio de una batalla simbólica que ya nadie cree, canta para una revolución que insiste en estirarse más allá de lo que la realidad permite.

La imagen habla por sí sola: una mujer vestida con pantalón militar, encaramada en un instrumento de guerra, tratando de transmitir patriotismo a golpe de consigna. Lo que realmente transmite es desconexión. Ella canta desde lo alto, el cubano de a pie sigue abajo, lidiando con apagones, escasez y un país que se cae a pedazos. Esa distancia entre el discurso oficial y la vida real es cada vez más evidente, más incómoda, más insostenible.

No es casualidad que la hayan colocado ahí. En Cuba, todo acto político es una puesta en escena cuidadosamente diseñada. El tanque no está para defender nada; está para intimidar, para recordar quién tiene el control. Y encima de él, una artista convertida en vocera del poder, repitiendo un guion que habla de resistencia mientras el pueblo solo piensa en sobrevivir. Es propaganda en su forma más cruda, disfrazada de cultura.

Lo más preocupante no es la imagen en sí, sino lo que representa. Una revolución que necesita montar este tipo de espectáculos para sostenerse es una revolución agotada. Cuando el arte deja de ser libre y se convierte en herramienta política, pierde su esencia. Cuando los artistas aceptan ese papel, terminan siendo parte del problema, no de la solución. Annie Garcés no está cantando para el pueblo; está cantando para el poder.

Al final, la escena del tanque no es un símbolo de fortaleza, sino de desesperación. Un intento más de proyectar una épica que ya no existe. Unos ondean banderas desde lo alto, otros hacen colas interminables para conseguir comida. Esa es la Cuba real, la que no sale en los actos ni en las fotos oficiales. La que no necesita un tanque para demostrar nada, porque su lucha diaria ya es suficiente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy