
Nadir Martín Perdomo: preso por caminar, enfermo por castigo
Por Max Astudillo ()
La Habana.- Detrás de cada preso político en Cuba hay una familia rota, una madre que llora a escondidas, unos hijos que crecen preguntándose por qué su padre no está, y una esposa que se niega a callar aunque la amenacen.
Ese es el caso de Nadir Martín Perdomo, un hombre enfermo, inocente, y sin embargo encerrado desde hace cinco años en una de las tantas ratoneras que el régimen llama «centros penitenciarios». Su esposa, Greisy Oliva Rodríguez (https://www.facebook.com/100009864794223/videos/pcb.2872387599766705/2095445924406491), acaba de denunciar lo que ya muchos sabíamos pero preferimos no mirar: Nadir se está muriendo dentro de la celda. Y la Seguridad del Estado, que lo metió ahí por una causa armada con retazos de mentira y venganza, se hace la desentendida.
La historia de Nadir arranca después del 11 de julio de 2021, esa jornada en que Cuba se sacudió y el miedo cambió de bando por unas horas. En San José de las Lajas, como en cientos de municipios, la gente salió a las calles a pedir comida, libertad y un futuro que no incluyera más colas ni más insultos.
Nadir caminó entre ellos, sin piedras, sin odio, sin más arma que su propia necesidad. Pero el régimen, que no perdona ni la mirada que se le atraviesa, decidió hacer de él y su hermano Jorge un escarmiento público (https://elvigiadecuba.com/el-11j-aun-pone-sobre-el-tapete-la-incapacidad-del-castrismo/): los apresó, les inventaron causas, les montaron una causa judicial con alfileres, y los metieron en la antigua prisión del Sida, ese lugar que el Estado cubano prefiere no mencionar cuando habla de sus «logros humanitarios».
El ejemplo de los hermanos Martín Perdomo
Dentro de la cárcel, Nadir convive con la humillación diaria, la celda sucia, el agua que ni para cepillarse los dientes sirve y una alimentación que no le da para sobrevivir, mucho menos para combatir las enfermedades que lo carcomen: síndrome de malabsorción, úlceras, gastritis crónica, una lista larga como su expediente.
Además, el estrés, los malos tratos y las constantes violaciones psicológicas le han provocado alopecia en la cara. Eso no es castigo; eso es tortura. Y mientras él se deshace en vida, la oficial que le orquestó todo el proceso —esa mano derecha del terror— abandonó el país. Porque ellos pueden irse cuando quieran. Nadir no.

Y cuidado con olvidar a los otros. Porque con los hermanos Martín Perdomo presos, la Seguridad del Estado citó a más de cien participantes de las protestas pacíficas en San José de las Lajas y les dio un ultimátum: en un mes se van de Cuba, o van presos.
La mayoría, aterrados, pidieron dinero prestado a amigos y familiares, y huyeron por la llamada Ruta de los Volcanes. Salvaron la vida, pero perdieron su tierra. Nadir y su hermano, en cambio, se quedaron. No tuvieron la misma suerte. O quizá sí tuvieron otra clase de suerte: la de resistir, aunque sea desde una celda, para que el mundo sepa lo que pasa en la isla.
La crueldad como método
Greisy, su esposa, ha presentado dos solicitudes de licencia extrapenal. Las dos han sido negadas, incluso con informes médicos de por medio. El régimen sabe que si sueltan a Nadir, su cuerpo hecho pedazos seguiría siendo una prueba de lo que hacen en sus calabozos.
Por eso lo tienen ahí. No por peligrosidad, no por delito, sino para que su ejemplo aterrorice a los demás. Para que cada vez que un cubano piense en protestar, recuerde el nombre de Nadir y se le quite la idea. Eso es el castrismo: no gobernar, sino asustar. No construir, sino encerrar (https://elvigiadecuba.com/ada-toledo-la-represora-que-se-encarno-con-los-hermanos-martin-perdomo-se-fue-de-cuba/).
Así que hoy, cuando desde Washington o Bruselas se redactan informes con cifras frías sobre presos políticos, conviene recordar que esas cifras tienen nombre, tienen olor a humedad, tienen úlceras y tienen una esposa que grita en las redes sociales mientras el mundo sigue mirando para otro lado.
Por Nadir, por su hermano, por los miles que siguen en celdas sin nombre, y por los millones que viven amenazados dentro de sus propias casas, hay que decirlo claro: Cuba no será libre mientras el terror tenga las llaves. Por eso apoyo cualquier acción que decapite a los hijos de puta que dirigen el país, que lo han empobrecido a base de hambre, mentiras y amenazas. Porque con ellos, la crueldad no es un error: es el método.






