
Las fichas del dominó
Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- No hay mejor metáfora para entender la política moderna: si tienes buenas fichas, tumbas la mesa; si no, juegas a la más gorda y rezas para que el rival se equivoque.
El régimen cubano lleva 67 años de fracasos envuelto en la misma coartada: el bloqueo. Durante 67 años ha lanzado todos los improperios posibles contra Estados Unidos, ha construido una ingeniería social para inocular la idea de que cada desastre interno es culpa del vecino del norte.
La estrategia es vieja: crear un enemigo y hacerse el pobre. Ese ha sido el pilar manipulador que nos trajo hasta aquí. Según ellos, el culpable de todo es el «genocidio» americano. El siguiente paso será la comuna, y después el primitivismo, visto lo visto.
Ya empezaron las comidas populares, las solineras, las pipas de agua por barrios. Todo bajo órdenes municipales. Lo más triste: todo esto será normalizado, porque Cuba, con este gobierno, no tiene recorrido y, después de lo dicho por Marco Rubio, queda claro que no habrá invasión. La mediocridad nos invade al mismo ritmo que la pobreza nos vacía la mente. El cerebro ya está abordado, y todo lo que nos rodea es una postal del Paleolítico. Soñar está prohibido por la realidad imperante, mientras Canel se descojona escuchando a Rubio.
Cuba no es de los cubanos
El convenio no escrito entre Estados Unidos y Cuba sigue vigente. A uno le conviene tener un enemigo para justificar sus desmanes; al otro le conviene Cuba para ladrar de vez en cuando y recordar quién es el más fuerte. Estados Unidos no necesita ninguna excusa para intervenir: son 67 años de promover comunismo izquierdista en América, exportar revoluciones, financiar movimientos armados, tratar con narcotraficantes y crear crisis migratorias.
¿Qué más falta? Trump, Marco y Pete no presionan para liberar a Cuba: presionan para que las compañías que operaban allí se vayan y, dentro de poco, entren las americanas a hacer negocios. Esa es la realidad.
El billete —como diría un buen amigo— es lo único que importa. Y así, Cuba seguirá siendo un prostíbulo, como lo ha sido durante 67 años, para cualquier extranjero que llegue con una maletica y cien dólares miserables. Desde esta perspectiva, el pueblo cubano está condenado a la miseria más profunda, a la vulgaridad más absoluta, a seguir migrando, a la destrucción de la familia y, eventualmente, a desaparecer. Cuba no es de los cubanos. Eso hay que tenerlo claro: es de los que juegan al dominó con nuestras vidas.






