¡Necho II: el faraón que le ganó al mapa y casi parte el mundo en dos!

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- ¡Cómo no vas a aplaudir a este señor! Necho II, hace más de dos mil quinientos años, vio lo que nadie veía. Mientras otros faraones se la pasaban guerreando para pintar un poquito más de azul en el mapa, este visionario se paró en el istmo de Suez y dijo: “¿Por qué no hacemos un atajo?”.

Y no era cualquier atajo, mi rey: quería conectar el Nilo con el mar Rojo. ¡Una autopista de agua para que sus barcos mercantes y militares se ahorraran dar toda la vuelta a África! Eso no era un capricho de rey loco, era una jugada maestra para controlar el negocio entre el Mediterráneo y el Índico. O sea, el monopolio del comercio mundial en pleno siglo VII antes de Cristo. ¿Te das cuenta?

Pero, ojo, porque aquí no todo fue miel sobre hojuelas. El proyecto fue tan gigantesco que el mismo Heródoto, el cuentero oficial de la antigüedad, soltó que se murieron nada menos que ciento veinte mil trabajadores en las primeras excavaciones.

¡Ciento veinte mil! Parece mentira, pero así era la cosa. Y cuando la obra iba viento en popa, Necho recibió un oráculo que le cantó las cuarenta: le dijo que ese canal, en el futuro, lo iban a usar los invasores bárbaros. ¡Imagínate el coraje!

Así que el faraón, entre espantado y precavido, paró todo en seco. Pero ojo, que este hombre no se achicó. Si no podía hacer el canal, pues mandó a unos marinos fenicios a darle la vuelta a África partiendo desde el mar Rojo. ¿Y qué pasó? Tres años después, los valientes regresaron por las Columnas de Hércules. ¡Primera circunnavegación de la historia! ¿No es una locura?

La ambición humana

Lo más tremendo de esta historia es que hoy, cuando ves el Canal de Suez y dices “qué maravilla de la ingeniería del siglo XIX”, la idea original no fue de Lesseps ni de los ingleses. No, señor. Esa idea nació bajo el sol abrasador del desierto, en la cabeza de un faraón egipcio que no conocía la palabra “imposible”.

Mientras los demás veían arena, él veía agua. Mientras otros veían desierto, él veía rutas comerciales. Eso es ser visionario, así nomás.

Y aquí viene lo que a mí me vuela la cabeza: ¿sabías que los antiguos egipcios estuvieron a punto de unir los mares milenios antes de que existiera la tecnología actual? ¡Milenios! ¿Te das cuenta lo que eso significa? Mientras Europa todavía estaba en pañales, estos tipos ya estaban soñando con cortar continentes para navegar más rápido.

Por eso, cuando alguien te diga que los grandes proyectos son cosa de estos tiempos, tú sacas pecho y le cuentas la historia de Necho II. Porque si hay algo que no cambia nunca, es la ambición humana. Y este faraón, amigo, tuvo la más grande de todas.

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