Bruno Rodríguez acusa a EE.UU. de mentir sobre inexistencia de bloqueo petrolero a Cuba

Comparte esta noticia

Por Anette Espinosa

La Habana.- Bruno Rodríguez, alias Bruno Condeneitor, apareció otra vez en redes haciendo lo que mejor sabe hacer: llorar en varios idiomas. Esta vez, el canciller cubano acusó al Secretario de Estado de Estados Unidos de “mentir” al negar la existencia de un bloqueo petrolero contra Cuba. Nada nuevo bajo el sol. Si en la isla falta combustible, medicinas, comida o sentido común, siempre hay un culpable externo listo para ser señalado desde una oficina climatizada en La Habana.

Dice Bruno que Washington amenaza a países exportadores de combustible y que solo un barco ha llegado a Cuba en cuatro meses. Dramático, sin dudas. Casi uno imagina al canciller escribiendo el post con una música triste de fondo, mirando al horizonte y pensando en cada litro de diésel perdido. Lo que nunca explica es por qué un país que lleva décadas prometiendo soberanía energética terminó convertido en un paciente crónico conectado al respirador geopolítico.

Habla también de “violación del libre comercio” y de “libertad de navegación”. Curioso concepto de libertad viniendo de un gobierno donde la palabra libertad suele manejarse con más restricciones que una cuenta bancaria en quiebra. Porque mientras Bruno denuncia obstáculos marítimos, medio país sigue atrapado en un archipiélago donde moverse, prosperar y opinar libremente continúa siendo deporte extremo.

Lo más impresionante es la consistencia narrativa. No importa el año, el contexto o el nivel de deterioro interno: la culpa siempre aterriza en Washington con puntualidad suiza. Da igual que las termoeléctricas estén convertidas en piezas arqueológicas, que la infraestructura energética parezca diseñada durante la Guerra de Independencia o que la planificación económica haya sido un reality show de improvisaciones.

Bruno concluye denunciando el “sufrimiento del pueblo cubano”. En eso, al menos, tiene razón. El pueblo sí sufre. Lo que omite mencionar es que buena parte de ese sufrimiento también lleva firma doméstica, sello institucional y décadas de administración desastrosa. Pero pedirle autocrítica al canciller cubano sería como pedirle a un apagón que venga acompañado de aire acondicionado. Simplemente no ocurre.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy