“Nos probaron a fuego, mas no nos pudieron quemar”, dice Nadir Martín desde la prisión

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Por Jorge Sotero

San José de la Lajas.- La carta de Nadir Martín Perdomo tiene el valor de los textos que nacen desde el sufrimiento, pero que se niegan a convertirse en un lamento. Desde la prisión, donde la dictadura cubana ha intentado quebrar la voluntad de cientos de opositores, Nadir escribe para transmitir exactamente lo contrario: fortaleza. No habla desde el resentimiento ni desde la derrota. Habla desde la convicción de que la cárcel puede encerrar cuerpos, pero no necesariamente ideas. Por eso sus palabras tienen un peso especial. Son el testimonio de alguien que ha conocido de cerca la represión y aun así conserva la esperanza.

Uno de los aspectos más conmovedores de la carta es el reconocimiento a sus compañeros de prisión. Nadir no se coloca por encima de nadie. Al contrario, expresa admiración por los hombres con los que compartió encierro, sacrificios y privaciones. En un país donde el régimen intenta aislar y deshumanizar a los presos políticos, ese gesto tiene una enorme carga simbólica. Es una manera de recordar que detrás de cada nombre existe una historia, una familia y una causa que trasciende las rejas de una celda.

La frase “Nos probaron a fuego, mas no nos pudieron quemar” resume el espíritu de todo el mensaje. La prisión en Cuba no solo castiga la libertad física; también busca destruir psicológicamente a quienes desafían al poder. Sin embargo, Nadir deja claro que el objetivo ha fracasado. Su carta transmite la idea de que el sufrimiento soportado por los presos políticos no ha sido suficiente para apagar sus principios ni para obligarlos a renunciar a sus convicciones. Esa resistencia moral es precisamente lo que más teme cualquier sistema autoritario.

“Nos probaron a fuego, mas no nos pudieron quemar”, dice Nadir Martín desde la prisión
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Resulta imposible leer estas líneas sin pensar en Marta Perdomo, la madre que durante años ha cargado sobre sus hombros el dolor de ver a sus hijos encarcelados. Mientras el poder intenta convertir a estas familias en ejemplos de escarmiento, terminan convirtiéndose en símbolos de dignidad. Cada palabra de Nadir parece escrita también para ellas, para las madres, esposas, hijos y hermanos que han sufrido la prisión desde el otro lado de los barrotes. Son víctimas silenciosas de una represión que rara vez aparece en los medios oficiales.

La carta concluye con una certeza que puede parecer simple, pero que encierra toda una declaración política: llegará el día en que expresarse libremente no sea un delito en Cuba. Esa esperanza atraviesa cada línea del texto. Más que una despedida o una reflexión personal, la carta de Nadir Martín Perdomo es una reafirmación de fe en el futuro. Un recordatorio de que la libertad puede retrasarse, puede ser perseguida e incluso encarcelada, pero siempre encuentra la manera de abrirse paso. Y mientras existan hombres capaces de escribir mensajes como este desde una prisión, la dictadura seguirá teniendo un problema que ninguna celda podrá resolver.

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