
La dictadura vuelve a vestirse de víctima tras la expulsión de sus diplomáticos en República Dominicana
Por Jorge Sotero
La Habana.- La dictadura cubana reaccionó con indignación a la decisión del Gobierno de República Dominicana de expulsar a diez funcionarios diplomáticos de la embajada cubana junto a sus familiares. A través de un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores, el régimen calificó la medida de injustificada y aseguró que responde a supuestas presiones ejercidas por Estados Unidos.
La narrativa oficial vuelve a transitar el mismo camino de siempre. Ante cualquier revés diplomático, La Habana recurre al discurso de la conspiración extranjera, evita cualquier ejercicio de autocrítica y presenta al régimen en el papel de víctima permanente. La responsabilidad jamás aparece dentro de sus propias fronteras.
El comunicado sostiene que los diplomáticos actuaron con absoluto respeto a la Convención de Viena y a las leyes dominicanas. A continuación atribuye la expulsión a una estrategia estadounidense dirigida a aislar internacionalmente a Cuba. Ninguna referencia existe sobre posibles diferencias bilaterales ni sobre las razones que pudieron influir en la decisión soberana de Santo Domingo.
La dictadura también recordó otros episodios diplomáticos, entre ellos la exclusión de Cuba de la Cumbre de las Américas y el cambio de postura de República Dominicana en votaciones relacionadas con el embargo estadounidense. El objetivo resulta evidente: reforzar la imagen de un Gobierno perseguido por factores externos, una estrategia utilizada durante décadas para justificar cada tropiezo político.
Ese relato contrasta con la realidad que viven millones de cubanos. El país enfrenta una profunda crisis económica, apagones diarios, escasez de alimentos, deterioro de los servicios públicos y una emigración sin precedentes. Frente a ese escenario, el régimen insiste en dirigir la atención hacia enemigos externos, evitando asumir responsabilidades por el colapso interno.
La nota oficial concluye asegurando que los vínculos históricos entre los pueblos cubano y dominicano permanecerán intactos. Esa afirmación difícilmente encuentra discusión. Lo cuestionable radica en el intento constante del poder cubano de transformar cada conflicto diplomático en una nueva prueba de una supuesta persecución internacional.
La victimización se ha convertido en uno de los recursos favoritos de la dictadura. Cada sanción, cada crítica y cada decisión adversa terminan presentadas bajo el mismo libreto. La historia se repite una y otra vez: el régimen señala culpables fuera de la isla, elude cualquier responsabilidad propia y deja sin respuesta los problemas que golpean a diario a la población cubana.






