
Justicia, no venganza: claves para una transición democrática en Cuba
Por Albert Fonse ()
Vancouver.- No es lo mismo justicia que venganza. En una transición democrática en Cuba no puede comenzar una cacería humana. Tiene que existir la presunción de inocencia, el debido proceso y el derecho de cada persona a defenderse. Nadie debe ser juzgado ni condenado simplemente por haber sido policía, militar o miembro de las FAR. Las acusaciones tendrán que probarse con evidencias, testigos y responsabilidad individual.
Habrá figuras y personajes muy conocidos que han hecho mucho daño, responsables directos de represión, abusos y decisiones criminales. Esos sí tendrán que ser apresados de inmediato y puestos a disposición de la justicia, para evitar que huyan o continúen cometiendo crímenes. El resto no. No se puede convertir un cambio político en una persecución masiva.
El gobierno de transición tiene que enfocarse en asegurar el cambio, estabilizar el país y evitar el caos. No puede distraerse en procesos judiciales masivos desde el primer día. Primero hay que garantizar lo básico: comida, medicinas, energía, orden público y funcionamiento del país. Cuando existan instituciones sólidas, separación de poderes real y un sistema judicial independiente, entonces comenzarán los procesos con garantías y legitimidad.
Una transición sin copiar a la dictadura
Esto no es teoría, ya ha ocurrido. En la transición de Polonia tras el comunismo, el cambio fue gradual y sin una purga inmediata masiva. Muchas estructuras continuaron funcionando mientras se construían nuevas instituciones. Con el tiempo, ya en democracia, se implementaron mecanismos legales para depurar responsabilidades de forma ordenada.
En la transición de Bulgaria tras el comunismo, también se evitó una persecución generalizada al inicio. Se priorizó la estabilidad política y económica, dejando los procesos judiciales para una etapa posterior, cuando el sistema pudiera garantizar juicios justos.
Puede ser chocante que estas ideas vengan de alguien que ha denunciado con firmeza a la dictadura, pero hay una lección clara: hay que actuar exactamente al contrario de cómo actuaría el régimen. Esa es la guía para hacer lo correcto. También todo dependerá del tipo de transición que se inicie y del papel que asuma Estados Unidos. Sin su apoyo, influencia y respaldo, será muy difícil sostener un cambio real, garantizar la estabilidad y construir las bases de una nueva Cuba.
Cuba tendrá que aprender de estas experiencias: primero asegurar el país, luego hacer justicia bien hecha. Sin caos, sin venganzas, sin repetir los errores que destruyeron la nación. La nueva Cuba no puede nacer copiando los métodos de la dictadura. Tiene que nacer con justicia, ley y verdad.






