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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- La mitomanía de algunos seguidores del régimen de Cuba parece no tener explicación. No sé si se trata de un problema cognitivo o de un defecto antropológico. El caso es que no importan los resultados, sino la defensa a ultranza de una necesidad que parece patológica; una conveniencia de supervivencia o, simplemente, un comportamiento asumido como natural.

Nadie en su sano juicio debería defender aquello que va en contra de sus propios intereses. Freud decía que quien no tiene empatía por el sufrimiento de los demás presenta rasgos psicopáticos. Entonces surge la pregunta: ¿será que quienes defienden al castrismo encajan en esa descripción?

Existe una anécdota atribuida a un intercambio en Viena donde Leon Trotski interrumpió a Sigmund Freud y le dijo: “Si usted cree que el sexo es el motor que mueve la dinámica humana, ¿dónde deja las ideologías?”. A lo que Freud respondió: “En el mismo lugar donde usted detuvo el tren y asesinó a cientos de judíos sin el más mínimo derecho a la defensa”.

La historia, según esta interpretación, terminó dándole la razón a Freud y a Trotski su propio destino.

Psicópatas son los dirigentes del régimen de Cuba; todos, incluso Díaz-Canel y quienes, desde cualquier parte del mundo, se solidarizan con él, son psicópatas, gente que les importa una mierda el sufrimiento del pueblo cubano, aquellos que con tal de estar en contra de Estados Unidos son capaces de regalar su alma al Diablo, para al final, quejarse de los desmanes del infierno.

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