La maquinaria de manipulación castrista y el deber cívico de no legitimar la dictadura

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Por Joel Fonte ()

La Habana.- Usted no va a “firmar” por la patria. Usted va, con su presencia allí, a dar legitimidad a la dictadura que ha encarcelado a la nación y secuestrado a la Patria verdadera, la que demanda libertades.

El castrismo es una maquinaria de manipulación aún metódicamente engranada. Sus componentes básicos se encuentran en el círculo infantil, la escuela primaria, la secundaria, el politécnico, el preuniversitario, la universidad y los sistemas de control y delación articulados en los barrios.

En sus mecanismos más complejos, alcanza el empleo de los grandes medios de comunicación bajo monopolio del régimen: televisión, radio, prensa escrita, además del teatro, el cine, las artes plásticas, la literatura e internet, este último con accesibilidad limitada.

Paralelamente operan, como parte de esa misma maquinaria, todas las estructuras que Fidel Castro creó casi desde su irrupción violenta en el poder. En una cínica combinación de descaro intelectual y torcedura conceptual, el castrismo llama falazmente “sociedad civil” a los CDR, la FMC, la CTC, la ANAP, la UNEAC, la UPEC y otras tantas. La verdadera sociedad civil, como libre organización de los ciudadanos, se contrapone por sus intereses y exigencias a los fines del poder.

Propaganda y adoctrinamiento

Algunas de esas organizaciones entrecruzan sus funciones con el paramilitarismo activo. Es el caso de la UJC, que viste a sus militantes jóvenes —muchos casi niños— de matones, los pertrecha con armas y palos, y los envía a la calle con el encargo “revolucionario” de golpear y abusar de todo aquel que no sea adicto al color de la gorra con que se tocaba Marat. Si hace falta un ejemplo, ahí está el 11 de julio de 2021 y las vergonzosas imágenes de esos adolescentes actuando como represores.

En el centro de todo ese andamiaje de instituciones y organizaciones —que contrata y moviliza a cientos de miles de personas— está la propaganda política y el adoctrinamiento ideológico. Quien quiera simplificar el análisis podría decir que la función de esas más de dos decenas de estructuras es envenenar la capacidad crítica, amputar la conciencia individual y colectiva de la nación, domesticar la rebeldía y la actitud cuestionadora, y llevar a las personas a un estado de tolerancia y obediencia que encuentra en el inmovilismo la única opción frente a un régimen que les arrebata, impunemente, un derecho tras otro.

Por eso, cuando vemos un acto, una manifestación, una “marcha combatiente” o una “recogida de firmas”, asistimos a una estrategia de propaganda: convencer a los individuos aislados mediante el ejemplo de lo que hace la multitud. Usted tiene, como obligación cívica imprescindible, apelar a su conciencia y no ceder a la manipulación.

Pregúntese por qué ese régimen gasta cientos de millones de dólares en propaganda mientras mantiene al pueblo sin medicamentos básicos, sin alimentos, sin vida. Pregúntese por qué, si dice contar con el apoyo mayoritario, jamás ha promovido un referendo para decidir su continuidad o la democratización del país. El camino a la verdad comienza ahí. No más dictadura en Cuba. Basta de tolerar injusticias. No más temor.

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