Comparte esta noticia
Escuchar este artículo
Audio completo disponible.

Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- Decía un general estadounidense durante la Guerra de Secesión —no recuerdo ahora su nombre— algo que, por lo gráfico, resulta difícil de olvidar: “A los enemigos hay que tenerlos dentro de la carpa para que orinen para afuera, porque si los tienes afuera, orinan para dentro de la carpa”.

No sé si esta lógica es exactamente la que está utilizando hoy la administración de Donald Trump con Cuba y Venezuela, pero algunos de sus movimientos hacen pensar que, al menos, no anda muy lejos de ella.

En Venezuela sacaron a Maduro, pero dejaron a sus cómplices en el poder. Es cierto que el objetivo se cumplió a medias, porque si Maduro no era un presidente legítimo, entonces Delcy Rodríguez tampoco podía ser una vicepresidenta legítima. Sin embargo, Delcy terminó acomodándose a los intereses estadounidenses y, mientras tanto, el madurismo continúa manejando buena parte de la política nacional.

Es difícil explicar las razones de semejante comportamiento. Sus razones tendrán, aunque a veces carezcan de la más elemental lógica para quienes observamos el asunto desde afuera.

Las contradicciones con Cuba

Con Cuba ha ocurrido algo que, a mi juicio, resulta todavía más contradictorio. La presión estadounidense sobre el castrismo ha sido tan fuerte que ha obligado a la dictadura cubana a realizar determinadas aperturas de carácter capitalista para intentar mantener el poder. Pero las consecuencias de esa estrategia han terminado siendo funestas para la supervivencia del pueblo cubano.

Y aquí está el problema que más me preocupa: los que terminan pagando la factura son los cubanos.

Para nadie es un secreto que cada vez que Estados Unidos toma una medida contra la dictadura, el régimen cubano encuentra la manera de trasladar buena parte de sus consecuencias al pueblo. Mientras tanto, ellos continúan haciendo sus negocios, buscando alternativas para esquivar las sanciones y culpando a Estados Unidos de los apagones, de la escasez y de las penurias de la gente.

Ellos no suelen sufrir como sufre el cubano de a pie.

Mientras el pueblo soporta los apagones, la falta de combustible, la escasez de alimentos y la carencia de agua potable, quienes gobiernan siguen encontrando la manera de vivir con electricidad, combustible, alimentos y todas las comodidades necesarias para continuar viviendo como burgueses.

Y ya se sabe: en un país de ciegos, los tuertos son reyes.

Ambigüedad total de Trump

Mientras todo esto sucede, la administración Trump continúa negociando con la dictadura: dándose tiempo, apretando por aquí y aflojando por allá; presionando un día y negociando al siguiente.

Entonces me pregunto: ¿será que Donald Trump no quiere que le meen dentro de la carpa?

No lo sé.

Pero la ambigüedad de esta administración ya me tiene la cachimba llena de agua.

Y no es simplemente que a mí se me esté agotando la paciencia. El problema es mucho más grave: los cubanos no tienen alternativas.

Ningún pueblo desarmado, reprimido, empobrecido y hambriento tiene demasiadas opciones. Le queda la esperanza. Y si, además de quitarle la comida, la electricidad, el agua, la libertad y hasta la posibilidad de prosperar, también le quitan la esperanza, entonces ¿qué le queda?

¿Tirar las perlas al mar y esperar que las ostras hagan nidos en ellas?

Cuba no tiene petróleo. Pero tiene algo mucho más valioso que el petróleo: tiene cubanos. Cubanos con deseos de vivir, de trabajar, de prosperar y de ser libres.

Y cuando sean libres, puedo asegurarle al señor Trump y a todo su gabinete que Cuba será más próspera que muchos países de Latinoamérica.

Sin petróleo. Solo con cubanos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *