Comparte esta noticia

Por Max Astudillo ()

La Habana.- Lázaro Bruzón no es un ajedrecista cualquiera. El Gran Maestro cubano, uno de los cinco mejores que ha dado la isla en toda su historia, tiene en su palmarés títulos que cualquier competidor firmaría con sangre: campeón mundial juvenil en 2000, medallista olímpico en varias ediciones, y víctima —también— de un sistema que le ha impedido abrazar a su madre en ocho años. Ocho años.

Así que cuando un fulano, seguramente desde una cuenta anónima pagada por el Estado, le suelta la pregunta estúpida de «¿qué haces metido en política si tú eres ajedrecista?», Bruzón no se lo piensa dos veces. Y contesta.

«Pocas frases demuestran tanta ignorancia como esa», arranca Bruzón, y ya con esa entrada uno sabe que viene curva. El argumento del ciberclaria —ese ejército pagado por la dictadura para intoxicar redes— es el mismo de siempre: tú dedícate a lo tuyo, no te metas en cosas de mayores. Pero Bruzón, que ha pasado miles de horas calculando movimientos en un tablero, sabe que la política no es una opción. Es el tablero entero. Porque viva donde viva, piense lo que piense, cualquier ciudadano está atravesado por relaciones de poder. Y en Cuba, eso se llama dictadura.

Sí hay que hablar de política

Bruzón lo explica con una claridad que debería incomodar a más de uno: «Un cubano que vive en una dictadura que limita tus derechos al máximo, que reprime, que te nombra ‘excubano’ por decisión propia de unos gobernantes que se adueñaron del derecho de una isla… si alguien tiene que hablar de política son precisamente los cubanos» (https://www.facebook.com/reel/996221103272967). Da igual que seas artista, médico, escritor o ingeniero. Da igual que tengas un ELO altísimo y hayas hecho jaque mate a los mejores del mundo.

La obligación de hablar de política, cuando la política es la que te impide ver a tu madre, es doble. Y Bruzón tiene ocho años de argumentos acumulados.

Pero lo más fino de su respuesta es cuando desenmascara la trampa. Porque la dictadura no te pide que no hables de política. Lo que te pide es que hables de su política. Que apoyes al Partido, que aplaudas los desfiles, que celebres las «conquistas de la Revolución», al más puro estilo Mijaín López.

Y si no lo haces, si osas decir que en Cuba no hay futuro, que no puedes vivir con dignidad de tu trabajo, que te reprimen por pensar distinto, entonces aparece el ejército de trolls a decirte: «¿Por qué te metes en política?». Es el mismo disco rayado que le ponen a un médico crítico, a un humorista, a un artista. Y ahora también a un Gran Maestro de ajedrez.

La diferencia es que Bruzón no está solo. Miles de cubanos dentro y fuera de la isla viven el mismo calvario: separaciones forzadas, falta de libertades, un partido único que se adueñó de la patria y la convirtió en una cárcel sin rejas.

Por eso Bruzón no solo tiene derecho a hablar de política. Tiene la obligación. Y si la dictadura se molesta, mejor: es señal de que el jaque va en serio. Porque mientras haya un solo cubano al que le impidan ver a su madre, mientras haya un solo excubano decretado por el régimen, las piezas seguirán moviéndose. Y el rey, tarde o temprano, caerá.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy