Los incendios en Pinar del Río desnudan la incapacidad de la dictadura

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Por Yeison Derulo

Pinar del Río.- La provincia de Pinar del Río vuelve a arder, y no solo por las llamas que avanzan sin pedir permiso. Arde también por la desidia de un sistema que lleva décadas demostrando que no sabe —ni quiere— gestionar crisis reales. Mientras el calor aprieta, la humedad desaparece y los vientos hacen su trabajo, la dictadura vuelve a hacer lo único que domina: mirar hacia otro lado y repetir el mismo guion desgastado.

Los incendios activos en zonas como La Lanza, La Güira, La Vigía o la carretera a Luis Lazo no son simples accidentes aislados. Son el reflejo de un país sin recursos, sin previsión y sin capacidad de respuesta efectiva.

Desde el 10 de abril, las llamas en Minas de Matahambre no han representado “riesgo para poblados”, dicen, como si eso fuera consuelo en una nación donde el monte vale más que muchas de las promesas incumplidas del régimen. En tanto, el fuego avanza hacia San Juan y Martínez como quien entra a una casa sin puerta.

Y en medio de todo, aparecen ellos: los guardabosques, los bomberos, la gente de a pie. Con el rostro tiznado, los ojos rojos y el cansancio acumulado, sostienen una batalla que no les corresponde solos. Son los mismos que cobran salarios miserables, que no tienen equipos adecuados y que, aun así, se plantan frente al fuego con más dignidad que cualquier dirigente sentado en una oficina climatizada en La Habana.

El régimen, fiel a su manual, ya habla de investigaciones sobre las causas. Que si origen humano, que si negligencia, que si “responsabilidad ciudadana”. Lo de siempre. Nunca una autocrítica seria, nunca una inversión real en prevención, nunca una estrategia que vaya más allá del parche. Porque aceptar responsabilidades implicaría reconocer algo que les duele más que el fuego: su fracaso estructural.

Al final, cuando se apaguen las llamas —si es que se apagan— vendrá el conteo de daños, los números inflados o maquillados y algún que otro reportaje triunfalista en la televisión nacional. Eso sí, la realidad seguirá intacta: un país que se quema por dentro y por fuera, gobernado por una dictadura incapaz de proteger ni sus bosques ni a su gente.

Entre humo y cenizas, Cuba sigue ardiendo… mucho más allá de Pinar del Río.

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