El equipaje equivocado, la misma estafa de siempre: horas de angustia en el Aeropuerto de La Habana

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Por Fernando Martín

La Habana.- Lo que comenzó como el regreso a casa de una familia cubana, terminó convertido en una pesadilla de más de doce horas dentro de la Terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí. Una historia que vuelve a poner sobre la mesa las deficiencias en los controles aeroportuarios y la vulnerabilidad a la que quedan expuestos los pasajeros cuando alguien decide «llevarse» una maleta que no le pertenece.

Odonell Vázquez aterrizó en La Habana procedente de República Dominicana junto a su esposa y sus dos hijas. Viajaban en un vuelo de Copa Airlines con escala en Panamá. Después de más de veinte años viajando por diferentes países, jamás imaginó que una situación tan elemental como recoger su equipaje terminaría convirtiéndose en un auténtico calvario.

El vuelo llegó alrededor de las tres de la madrugada del martes. Mientras los pasajeros abandonaban el área de recogida de equipajes, Odonell seguía esperando frente a la estera. Pasó una hora y su maleta nunca apareció.

La primera reacción fue pensar que el equipaje se había quedado en Panamá. Sin embargo, tras contactar con representantes de Copa Airlines y realizar varias comprobaciones, descubrieron que la maleta sí había sido embarcada y enviada a La Habana.

Fue entonces cuando Odonell recordó un detalle que le llamó la atención desde el principio: una maleta muy parecida a la suya continuaba dando vueltas en la cinta transportadora sin que nadie la reclamara.

El supervisor fue avisado de inmediato. Retiraron el equipaje que permanecía abandonado y comenzó a esclarecerse lo sucedido. La propietaria de aquella maleta se había llevado la de Odonell.

Supuestamente, todo había sido un error.

Pero la explicación empezó a perder credibilidad cuando intentaron contactar a la mujer. El teléfono daba timbre, pero nadie respondía. Mientras tanto, las horas seguían pasando.

La impotencia crecía. Odonell solo quería regresar a Unión de Reyes junto a su familia para descansar después del viaje. Sin embargo, el reloj avanzaba y nadie daba una respuesta definitiva. La madrugada se convirtió en mañana y la mañana en tarde.

A esas alturas ya contemplaba llamar a la Policía o incluso al Departamento Técnico de Investigaciones (DTI). Dentro de la maleta había pertenencias de valor y nadie podía garantizar que fueran recuperadas.

La situación dio un giro alrededor de las ocho de la mañana, cuando la mujer apareció en el aeropuerto para reclamar el equipaje que había dejado atrás. Para entonces, tanto la Aduana como los representantes de Copa Airlines ya estaban advertidos de lo ocurrido.

Según el relato de Odonell, la pasajera intentó aprovechar el cambio de turno para recuperar su maleta sin devolver la que se había llevado. Un movimiento que despierta más preguntas que respuestas.

Cuando fue confrontada, aseguró que la maleta de Odonell se encontraba en el vehículo que la había transportado al aeropuerto. El conductor tampoco respondía las llamadas. Solo después de múltiples intentos apareció con el equipaje.

La maleta había sido rajada.

La explicación ofrecida fue que el daño había sido provocado por un sobrino.

Por fortuna, ninguna de las pertenencias había desaparecido. Pero el desenlace favorable no borra las numerosas irregularidades que quedaron al descubierto durante el proceso.

La pregunta es inevitable: ¿cómo puede una persona abandonar el aeropuerto con una maleta que no le pertenece sin que nadie verifique la correspondencia entre el equipaje y el comprobante de entrega?

Ese es el verdadero centro de esta historia.

Más allá de la actuación de la pasajera involucrada, existe una responsabilidad institucional imposible de ignorar. Los controles de salida deberían impedir precisamente este tipo de situaciones. La comprobación de etiquetas y tickets de equipaje no es un capricho burocrático; es una medida básica de seguridad para proteger las pertenencias de los viajeros.

Si esa verificación se hubiera realizado correctamente, Odonell Vázquez jamás habría pasado más de diez horas atrapado en un aeropuerto esperando recuperar algo que siempre fue suyo.

Esta vez todo terminó con la maleta de regreso y sin pérdidas materiales. La próxima podría ser diferente.

Y cuando eso ocurra, ya no podrá hablarse de un simple error.

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