El aullido del lobo que no deja dormir a San José de las Lajas

Comparte esta noticia

Por Jairo Quiroga ()

San José de las Lajas.- En San José de las Lajas, la capital de Mayabeque, hay un lugar que ha convertido la noche en una pesadilla para los vecinos. Se llama La Guarida del Lobo, y no es una metáfora: es un bar que funciona 24 horas al día, sin insonorización, pegado a las casas, con la música a todo volumen y el desprecio más absoluto por el derecho al descanso.

Mientras el mundo entero sabe que un local de ese tipo debe estar herméticamente cerrado y climatizado para no molestar, en Cuba, como siempre, las reglas se aplican según la conveniencia del dueño o la complicidad de los inspectores.

Reinaldo Salazar, vecino del lugar, decidió romper el silencio y denunciar en Facebook lo que padece cada noche. «Un bar es para que esté cerrado herméticamente, que sea climatizado… como están en La Habana», escribió, con la impotencia de quien sabe que su queja no va a llegar a ninguna parte. Y es que La Guarida del Lobo no solo funciona sin respetar horarios, sino que además tiene dueño: un cubano que vive en Estados Unidos, y que desde la distancia -o desde el mismo lugar-, sin escuchar el ruido, se forra con el sufrimiento ajeno.

Los cómplices

Pero el problema no es solo el bar. Es la complicidad de las autoridades que deberían regularlo. Reinaldo se pregunta quién aprobó la licencia de operación, quién autorizó ese horario, quién permite que un local sin aislamiento acústico torture a decenas de familias. La respuesta, como siempre, es la misma: nadie controla, nadie inspecciona, nadie multa. Los inspectores, esos que deberían velar por el cumplimiento de las normas, solo aparecen de vez en cuando para recoger su botella, su coima, su parte del negocio. Y el bar sigue rugiendo.

La denuncia de Reinaldo es la denuncia de todo un país: la de los que no pueden dormir porque el sistema ha decidido que unos pocos tienen derecho a todo, y los demás a aguantar. «En mi casa no se duerme», dice. Y no es una exageración. Es la realidad de quien vive al lado de un local que convierte la madrugada en una batalla contra el ruido, contra el desgaste, contra la desesperación de saber que no hay quien ponga freno. Porque en Cuba, los derechos de los ciudadanos siempre terminan aplastados por los negocios de los privilegiados.

En Cuba se perdió el respeto

Pero La Guarida del Lobo, ubicada en la calle 39, entre 48 y 54, no es un caso aislado. Es el reflejo de un sistema donde el dinero y las influencias pueden más que la ley. Donde un bar puede abrir sus puertas sin importar el daño que cause, porque el dueño está fuera del país, o trae el dinero desde allá, y los inspectores están dentro del negocio. Mientras Reinaldo y sus vecinos se desvelan, el ruido sigue, la música sigue, el desprecio sigue. Y las autoridades, como siempre, miran hacia otro lado.

Hasta cuándo, se pregunta Reinaldo (https://www.facebook.com/reel/2235342797213020). Hasta dónde va a llegar esta impunidad. La respuesta, por desgracia, no la tiene él. Pero su denuncia, esa que publicó con el sueño robado y la paciencia agotada, es un grito que debería hacer temblar a los que permiten que el lobo siga aullando. Porque no hay bar que valga el descanso de una familia, no hay negocio que justifique la tortura de un vecindario, y no hay coima que pueda callar la verdad de quienes, como Reinaldo, siguen luchando por un derecho tan básico como dormir en paz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy