A propósito de “la encuesta”

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Por Pedro Monreal (El Estado como tal)

La Habana.- El plano de análisis relevante sobre la “validez” de una encuesta sobre temas de Cuba es el plano político y no tanto el metodológico estadístico.

Una encuesta no oficial que no es rigurosa desde el punto de vista estadístico (muestra representativa, margen de error, etc.) es metodológicamente inválida para medir opinión de manera precisa, pero una encuesta oficial realizada en el contexto cubano sobre “asuntos de Estado “ también es metodológicamente inválida para medir opinión auténtica porque incumple el supuesto fundamental de cualquier encuesta científica: las respuestas se expresan con libertad y sin temor a consecuencias.

El sesgo tipo “cámara de eco” que puede existir en encuestas que no son rigurosas estadísticamente coexiste con el sesgo de “preferencia falsificada” que es usual encontrar en los resultados de encuestas oficiales en contextos políticos donde disentir puede tener un precio.

Son encuestas oficiales que indican altos niveles de aprobación “en el papel” que contrastan con la realidad de protestas y éxodos masivos.

Las encuestas oficiales en esos contextos no son inválidas por fallas técnicas menores, sino que son estructuralmente sesgadas por la ausencia de libertad de expresión y el riesgo de represalias.

Otro asunto es atribuir intenciones de subversión a una encuesta. No es suficiente la existencia de sesgos, errores metodológicos o resultados desfavorables al poder.

El estándar de evidencia para sustentar la imputación de subversiva debe ser sólido. Quien acusa de subversión política a una encuesta tiene la carga de presentar evidencia convergente de intención, no solo de resultados incómodos o de interpretaciones subjetivas.

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