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Por Reynaldo Medina Hernández ()

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche (José Martí)

La Habana.- Entre la agonía de la supervivencia diaria y los acontecimientos internacionales que hay que seguir, por la trascendencia que puedan tener para nosotros, dos asuntos han acaparado la atención de los cubanos las últimas semanas. El primero es una encuesta sobre la situación en Cuba promovida por más de una veintena de medios digitales independientes, creadores de contenido y otros actores de la sociedad civil, aunque casi todo el mundo le dice, simplemente, «la encuesta de elTOQUE».

El segundo es la campaña «Mi firma por la patria», organizada por el Gobierno cubano y lanzada el pasado 19 de abril, al finalizar otro de esos encuentros inútiles de la izquierda woke, que solo sirven para que una banda de vividores e hipócritas venga a comerse la comida que le está negada a los cubanos, y a decir lo que en sus países nadie quiere escuchar.

La encuesta aborda casi todos los temas de interés de la vida nacional. Pide valoraciones sobre la situación actual, sus causas y posibles soluciones, así como una evaluación de los dirigentes gubernamentales, de los opositores, y de personalidades de otros países. Además, pregunta cómo deseamos que sea la Cuba del futuro, su sistema político, económico, y su sociedad en general.

Las molestias del oficialismo

El cuestionario está planteado desde la neutralidad política, puede responderse en igualdad de condiciones por simpatizantes y opositores, satisfechos o inconformes. Es muy fácil de responder, pues solo hay que marcar, dentro de un rango del 1 al 5 tu valoración sobre el tema en cuestión, y apenas hay dos o tres preguntas en las que hay que escribir algo, y no son obligatorias.

Desde el primer momento los voceros del oficialismo etiquetaron, satanizaron y desestimaron la encuesta, tachándola de ilegítima, mercenaria y todo lo acostumbrado en estos casos. Es decir, fueron fieles al proceder habitual. Hubo quien desde las redes ya vaticinó programas de televisión para «echarle con to».

Los promotores de la encuesta invitaron amablemente a los cubanos, de dentro y fuera de la Isla, a participar. No exhortaron, no convocaron febrilmente, no intentaron convencer a nadie, mucho menos presionar o chantajear anímicamente. Tampoco catalogaron a entusiastas, apáticos o detractores. No dijeron que quienes participaron son «patriotas», «buenos cubanos», «ciudadanos ejemplares», ni tampoco calificaron a los indiferentes o contrarios a la iniciativa como «comunistas de mierda», «carneros», «adoctrinados» ni nada por el estilo. Simplemente cada quien participó o no, según su conciencia, su voluntad, su deseo o interés. Como debe ser.

Trabas y temores

Dicho sea de paso, la encuesta ofrece garantías técnicas para evitar respuestas duplicadas. Por supuesto, el oficialismo va a negar eso y dirá que hubo quien la llenó tres o cuatro veces, que usaron IA para inflar los resultados y todo lo que se les ocurra para tratar de minimizarlos.

También asegura proteger la identidad de quienes participen, pero los cobardes históricos, aunque desearan participar no lo hicieron, argumentando que la Seguridad del Estado va a rastrear todos los teléfonos y anotará el número de quienes participaron y los colocarán en «listas negras» para represaliarlos después. En fin, la misma cobardía endémica de siempre.

Pese a esto, y a todas las dificultades técnicas que creó el Gobierno para bloquear la encuesta, la participación de los cubanos «de adentro» fue alta (casi 60 % del total). Si a estos se unen todos los que hubieran querido responder, pero no pudieron porque no tienen teléfono (se les rompió y no tienen dinero para arreglarlo, se lo robaron en el P-9 o se lo arrebataron en plena calle); no tienen datos, porque nadie les recarga desde el exterior; o tienen teléfono y datos, pero donde viven es muy mala la conexión, o quizás no tienen las habilidades necesarias para responder una encuesta on line, se puede concluir lo favorable que fue la respuesta a la iniciativa desde Cuba.

Claridad de un lado, oscuridad del otro

El ejercicio cerró el 1ro de mayo, y ya los resultados preliminares, en espera del cómputo final, están disponibles para todo el que quiera consultarlos. Así debe ser, sin secretismos, sin manipulación, con total transparencia. No los voy a comentar, no es ese mi objetivo. Además, quien quiera conocerlos, solo tiene que acceder a ellos. Solo diré, que no me sorprenden en absoluto, son el reflejo de lo que se vive en Cuba, y de lo que arrojan las encuestas diarias y espontáneas que se hacen en las colas del pan, el arroz, la balita de gas, el agro, en las (casi ex)paradas de guaguas, en el almendrón o la motico eléctrica, y, por supuesto, en las redes. También que algunos porcientos indican que no pocos simpatizantes del Gobierno hicieron uso de su derecho a opinar.

Claro que yo participé. Y me sentí muy bien, hasta un poquito importante y todo. Por primera vez en mi vida me preguntan qué creo de mi país, cómo valoro a sus gobernantes, cómo sueño una Cuba diferente. Nunca antes a nadie le importó mi opinión.

Las encuestas, aunque, desde luego, siempre tienen un grado de subjetividad y de intencionalidad, y sus resultados no son vinculantes (es decir, que los destinatarios pueden ignorarlas como si nunca hubieran existido), no dejan de ser un instrumento útil. Sobre todo cuando existe (más bien en el caso de que exista) interés institucional en los temas encuestados.

Entonces cabe la pregunta: ¿por qué el Gobierno cubano no hace una encuesta similar y «toma la temperatura», como se dice? Y pueden haber muchas respuestas: «¿para qué, si ellos lo saben?»; «total, ¿para que manipulen los resultados, o los ignoren?». A mí se me ocurre otra más sencilla: ¿para qué, si no les importa un carajo nuestra opinión? Nunca les ha importado.

Además, hay cosas más fáciles de hacer, como, por ejemplo, recoger firmas…

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