“No hay que salvar al pueblo, hay que salvar a la revolución”, dice Díaz-Canel

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Por Luis Alberto Ramírez ()

Esta confesión lo explica todo. Las 176 medidas de carácter capitalista aprobadas por la Asamblea Nacional cubana no tienen como objetivo mejorar la vida del pueblo, sino preservar el poder y los privilegios de quienes dirigen la llamada revolución.

Díaz-Canel no se escondió ni recurrió a la habitual semántica revolucionaria para admitir cuál es la verdadera prioridad. Lo dijo con claridad: “Todas estas medidas son para salvar a la revolución, que nadie se equivoque.” La pregunta surge de inmediato: ¿quién, en su sano juicio, querría salvar al responsable de tanto desastre?

Díaz-Canel, o no fue plenamente consciente del alcance de sus palabras, o las pronunció para complacer a los verdaderos dueños del poder en Cuba. En cualquier caso, quizás le habría convenido guardar silencio o recurrir a la estrategia que tantas veces utilizó Fidel Castro: disfrazar la realidad con discursos. Porque no solo demuestran incapacidad para gobernar; en ocasiones, tampoco saben ocultar sus verdaderas intenciones.

A mi juicio, estas medidas constituyen una especie de caza de incautos. Se presentan como una solución, pero no atacan la raíz del problema. Mientras el objetivo siga siendo preservar un sistema antes que servir a los ciudadanos, Cuba continuará exactamente igual, con medidas o sin ellas.

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