
¿Por qué el Canel se burla de los cien millones?
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Miguel Díaz-Canel acaba de burlarse de los cien millones de dólares anunciados como ayuda humanitaria para Cuba. Según explicó, en un primer momento se habló de tres millones de dólares; después, afirmó que la cifra aumentó a seis millones, pero aseguró, con tono irónico, que los cien millones prometidos nunca llegaron.
Lo que omitió decir es el detalle más importante: esos fondos no serían administrados por el régimen cubano, sino por instituciones independientes, como iglesias y organizaciones de la sociedad civil, precisamente para garantizar que la ayuda llegue directamente a quienes la necesitan. Esa es la razón de su sarcasmo.
Conviene hacer una aclaración. Esa ayuda aún está siendo evaluada para establecer mecanismos que impidan que ocurra lo mismo que, según diversas denuncias, sucedió con ayudas anteriores. La preocupación consiste en evitar que los recursos terminen bajo el control del aparato estatal y sean utilizados con fines políticos o clientelares.
En Cuba las donaciones se venden
Washington sabe que, históricamente, buena parte de las donaciones internacionales han sido canalizadas por el Estado cubano. Las ayudas financieras terminan financiando proyectos gubernamentales, mientras que muchos productos donados han sido comercializados en establecimientos estatales destinados a captar divisas. Por esa razón, antes de desembolsar los fondos, se buscan mecanismos que permitan garantizar que la asistencia llegue directamente al pueblo cubano y no a las empresas controladas por el Estado.
Díaz-Canel no solo recurrió al sarcasmo. También comparó esos cien millones de dólares con las donaciones que, según él, Cuba recibe de gobiernos aliados, afirmando que la cifra resulta insignificante frente a la solidaridad internacional que respalda a su gobierno.
Sin embargo, surge una pregunta inevitable: si esos cien millones son realmente insignificantes, ¿por qué tanta molestia? ¿Acaso resultan insignificantes porque no representan una suma importante, o porque no podrán ser controlados ni utilizados políticamente por el régimen?
Es cierto que cien millones de dólares no resolverán la crisis estructural de Cuba. No acabarán con los apagones, ni con la escasez de alimentos, ni con la falta de agua potable o el deterioro de los servicios públicos. Pero sí podrían enviar un mensaje poderoso a los cubanos: que la ayuda puede llegar sin pasar por las manos del Estado y que, quizás, el “león” no sea tan fiero como durante décadas se les ha hecho creer.
Canel no tiene la capacidad intelectual para confundir a los cubanos como la tuvo Fidel Castro, debía meterse la lengua en el trasero, porque a estas alturas del cuento, a los cubanos no hay quien le haga más cuentos.





