
Continúa el reality show del SEN
Por Oscar Durán
La Habana.- El Sistema Electroenergético Nacional (SEN) ya no necesita mantenimiento. Lo que necesita es un certificado de defunción. Cada vez que anuncian su «recuperación», los cubanos deberían salir corriendo a cargar los teléfonos, llenar los cubos y cocinar el arroz. La experiencia demuestra que la próxima caída viene en camino.
Esta vez el SEN duró menos conectado que una promesa de Díaz-Canel. Apenas enseñó señales de vida y volvió a desplomarse. Cinco apagones generales en menos de un mes. A este ritmo, el récord Guinness vendrá primero que la estabilidad eléctrica.
Lo más simpático llega con las explicaciones oficiales. Culpan a «eventos meteorológicos», hablan de «oscilaciones», «protocolos», «sincronizaciones», «microsistemas» y un desfile interminable de términos técnicos que intentan disfrazar una realidad muy sencilla: aquello no aguanta un suspiro.
El comunicado parece escrito por un mecánico empeñado en convencer al dueño de que el carro funciona perfectamente, aunque lleve seis veces al taller en una semana. Solo falta que anuncien una Mesa Redonda con gráficos de colores para demostrar que el apagón representa una nueva victoria de la Revolución.
Eso sí, jamás falta el culpable de siempre. Si una planta explota, si una subestación falla, si un cable estornuda, aparece Estados Unidos en el parte informativo. Ya solo resta culpar a la gravedad, a la humedad del Caribe o al movimiento de rotación de la Tierra.
Lo verdaderamente admirable es el optimismo de la Unión Eléctrica. Cada colapso lo presentan con la ilusión de quien arma un castillo de naipes en medio de un huracán. Reinician el sistema una y otra vez, convencidos de que esta sí será la buena. Diez minutos después, otra oscuridad monumental.
El pueblo ya ni se inmuta. Escucha la palabra «restablecimiento» con la misma fe que tendría un náufrago viendo acercarse un submarino con las puertas abiertas.
A estas alturas, el SEN dejó de ser un sistema eléctrico. Es un reality show nacional. Cada día trae un capítulo nuevo, con el mismo final: Cuba a oscuras y algún funcionario explicando que todo marcha según lo previsto.
La única estabilidad garantizada en la isla sigue siendo la del apagón.






