
Patria o miseria: el deber impostergable que nadie eligió
Por Jorge Ménendez ()
Cabrils.- Según Díaz-Canel, el primer deber de un cubano es defender la patria. Una idea sencilla, casi poética, si no fuera porque la patria que hay que defender está en modo «demo» desde hace décadas. Pero bueno, detalles.
Se nos pide un patriotismo absoluto, homogéneo, vibrante… aunque la realidad es que muchos ya solo vibran cuando vuelve la corriente. Aun así, la consigna es clara: defender la patria. Esa misma patria que hoy significa defender la miseria, un proyecto de país que no funciona y, por supuesto, los privilegios de quienes llevan medio siglo administrando el desastre. Todo muy patriótico.
El concepto de «patria» se ha vuelto tan flexible que ahora cabe en un formulario de firmas contra una supuesta invasión estadounidense. No firmar, por supuesto, puede convertirte en traidor. Qué conveniente: patriotismo por decreto, y si no, etiqueta de enemigo. Una estrategia infalible.
Mientras tanto, la patria que hay que defender está sin medicinas, con hospitales en ruinas, sin agua ni electricidad. Pero sí, lo importante es la firma. El resto son nimiedades. También es patriótico que el poder decida lo que comes, lo que haces y, si se descuidan, hasta lo que piensas. Todo por tu bien, naturalmente.
La patria o los privilegios del castrismo
Defender la patria hoy equivale a defender los privilegios de quienes controlan la isla y un sistema que asfixia derechos básicos. Pero se nos pide entusiasmo. Mucho entusiasmo. Preferiblemente televisado.
Algunos critican las declaraciones de Trump sobre la situación cubana, mientras varios gobiernos —según distintos análisis— colaboran, apoyan o simplemente miran hacia otro lado. Curiosamente, muchos de los que más se indignan son los mismos que no mueven un dedo para mejorar la vida del cubano de a pie. Pero criticar siempre es más cómodo que actuar.
La realidad, según múltiples opiniones y análisis, es que quienes presumen de ser grandes defensores de la democracia rara vez muestran interés en confrontar a la dictadura cubana. Y esa indiferencia, por supuesto, también es muy patriótica.
Con este panorama, no es extraño que defender la patria se haya convertido en un ejercicio de fe. O de paciencia. O de ironía.






