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Por Esteban Fernández Roig
Miami.- Siendo un niño, fui a la velocidad de un rayo de querer ser chulo como Mingo Troya, a ser un sacerdote como el Padre Enrique Méndez, director del Colegio Salesiano de Güines, llevado por el gran respeto y cariño que le dispensaban todos mis amigos que asistían a ese centro de estudios.
Pasé de la impresión que me dio el chulo manejando un precioso Cadillac blanco convertible con tres preciosas jóvenes a su alrededor, a sentar a mi hermano tras un cortina y hacerlo comulgar y confesar.
Lo obligaba a recitarme los 10 mandamientos, un Ave María y cinco Padres Nuestros. Le pedí prestado a mi madre un rosario y un escapulario. Sólo le faltaba la sotana.
Eso coincidió con que fui a ver la película “Y Dios creó a la mujer” con Brigitte Bardot semidesnuda, y mi padre me sentó y me explicó con lujos de detalle lo que consistía el celibato.
Y volví a desear ser chulo, hasta que mi padre burlón me preguntó: “Chico ¿dónde están las 10 jevitas que ya tienes dispuestas a trabajar para ti?”
Mi madre me dijo : “Nada de cura y mucho menos chulo, quiero que seas Alcalde de Güines como mi sobrino Jaime Quintero Gómez”…
Mi padre se rió y metió la cuchareta: “No, Ana María, chica, que vuele más alto, y que trate de postularse para Presidente como Carlos Prío”…
Y no se rían, cuando les diga que unos meses después pensé: “Si yo hubiera sido el presidente no me hubiera dejado dar el golpe de estado de Batista”…

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