Dictadura cubana niega libertad anticipada a Luis Manuel Otero Alcántara pese a inminente fin de condena

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Por Jorge Sotero

La Habana.- La negativa del régimen cubano vuelve a caer como un portazo en la cara de quienes aún creen en algún atisbo de justicia dentro de la isla. Un tribunal ha rechazado el recurso de apelación presentado para conceder la libertad anticipada al artista disidente Luis Manuel Otero Alcántara, a pesar de que su condena está a punto de expirar.

La decisión, confirmada por organizaciones de derechos humanos, no sorprende: en Cuba, la ley suele ser un instrumento más de control político que una garantía para los ciudadanos.

Otero Alcántara, de 38 años y reconocido por Amnistía Internacional como preso de conciencia, fue condenado en 2022 a cinco años de prisión bajo cargos que suenan más a excusa que a delito real: injurias a los símbolos patrios, desacato y alteración del orden público.

Su verdadero “crimen” fue salir a la calle el 11 de julio de 2021, en medio de las históricas protestas donde miles de cubanos gritaron lo que el poder no quiere escuchar: hambre, libertad y el fin de una dictadura que ya no puede sostener su relato.

La organización Cubalex ha dejado claro que el tribunal basa su decisión en la supuesta falta de “buena conducta” del artista, una justificación que, en el contexto cubano, se traduce muchas veces en no someterse dócilmente al aparato represivo. No es la primera vez que se le niega este beneficio: una instancia anterior en Artemisa ya había cerrado esa puerta, evidenciando que el proceso judicial estaba marcado desde el inicio.

Todo esto ocurre mientras el régimen intenta proyectar una imagen de apertura con anuncios de excarcelaciones e indultos. Se habla de acuerdos con el Vaticano, de gestos humanitarios y de liberaciones parciales. Sin embargo, la realidad es otra: ninguno de los beneficiados ha sido identificado como preso político, y la opacidad con la que se manejan estas decisiones deja más dudas que certezas. La dictadura libera a cuentagotas, pero reprime a manos llenas.

La Habana insiste en negar la existencia de presos políticos y acusa a los opositores de ser mercenarios al servicio de Estados Unidos. Es el mismo discurso de siempre, repetido hasta el cansancio.

Casos como el de Otero Alcántara desmontan esa narrativa con una crudeza imposible de ocultar. Cuando un artista termina tras las rejas por expresarse, lo que está en juego no es el orden público, sino la libertad misma.

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