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Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- El otro rostro del sistema de exclusión política en Cuba es el aislamiento, la compartimentación: ínsulas de exclusión, de miedo, de castigo, de audacia, de solidaridad, de cobardía, de simulación, de impiedad y de silencio.

No nos conocemos, no nos reconocemos como lo mismo. Aquí y allá, dentro, muy dentro, fuera, es preciso vencer todas las distancias.

Son tantos los “países” dentro de ese sistema y de esa cultura política que nuestras perspectivas terminan pareciéndose a un mapa diseñado para el desconocimiento, la negación, la indiferencia y el olvido. Un mapa contra cada uno de nosotros, contra todos.

Los excluidos deben comprender que existe una patria amplia y diversa más allá de ese mosaico roto, construido para debilitarnos y dejarnos indefensos.

Nuestros problemas son distintos, ajenos al consumo político miserable y mezquino que se nos propone e impone para que no veamos lo importante; urge desentrañar las claves de nuestro subdesarrollo y superarlo.

Ese es nuestro propósito; es por eso que no podemos expedir cheques en blanco a propósitos ajenos.

¿Cuántos años más tienen que transcurrir del siglo XXI para que los cubanos crezcan y disfruten de los derechos y libertades, de la justicia, el decoro y la dignidad de la democracia que ha sido, realmente, la letra fundacional e imperecedera de las revoluciones que una y otra vez se alzaron para hilvanar la Nación y el Estado en Cuba?

Soñar Cuba de todos no es una frase, es la condición para esa patria de todos los ciudadanos cubanos.

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