Comparte esta noticia

Por Eduardo González Rodríguez ()

Santa Clara.- Desde una torre no se puede comprender ni defender un país. Cuando se habla del sufrimiento del pueblo, del hambre del pueblo, de la oscuridad del pueblo, desde la comodidad del sueño reparador, de la comida caliente y una cuenta bancaria en dinero del bueno, el discurso es un simple protocolo político que nada tiene que ver con humanidad ni con justicia.

El que habla desde una tribuna del sufrimiento del pueblo, del hambre del pueblo, de la oscuridad del pueblo y no vive como el pueblo, es un oportunista y un traidor.

El hábito malsano de llamarle heroicidad a la miseria y resistencia a la falta de futuro, es un intento torpe de normalizar un standar de existencia que, hablando en plata, nada tiene de heroico.

Para tranquilizar a los hambrientos, a los que sufren, a los que no tienen agua, a los que viven madrugadas maldiciendo sudor y oscuridad, los llaman héroes y les señalan al norte revuelto y brutal como único culpable. ¿Cómo creerles si -ya se sabe- todos tienen un familiar en ese norte revuelto y brutal? Un hijo, un nieto, un sobrino, una abuela, un hermano que se largó bien lejos de la heroicidad de la pobreza y la inmovilidad de la resistencia creativa, sin que el pueblo enardecido les lanzara un huevo, ni les gritara escoria, vendepatria, gusano, traidor. Los hijos del poder tienen la suerte que no tuvieron los cubanos que decidieron marcharse en 1980. Es paradójico, ¿verdad? El hijo de nadie es un traidor. El hijo de un ministro es un emigrante con sobrados beneficios.

El ejemplo que nunca llega

¿Cómo creerles, si no cumplen con el sagrado deber de la gobernanza cuyo pilar primero es crear alternativas que dignifiquen económica y socialmente la vida de los habitantes del país?

¿Por qué, en vez de rodear de policías a los hombres y mujeres -ya desgastados por la oscuridad, la fatiga y el hambre- que reclaman algo tan elemental como una existencia digna, no se sacrifican ahora los ministros y políticos de primera línea y se declaran en huelga de hambre ante la prensa extranjera y la opinión internacional? Una huelga de hambre hasta tanto no levanten el bloqueo. A veces hay que dar el ejemplo, sobre todo porque en toda esta mierda de guerra fría el único embarrado ha sido el pueblo. ¿O no?

Con aire acondicionado, alimento gratis y luces hasta en el borde de las encimeras, cualquiera soporta el bloqueo, pero de esas bondades no disfruta el cubano de a pie que poco a poco ido comprendiendo la indignidad que representa, a estas alturas, hacer silencio ante la crisis material y humana que atraviesa la isla de Cuba. Así que lo de la huelga de hambre institucional va muy en serio.

Ningún ejército va a atacar a un país cuyos dirigentes, llenos de valor y sentimientos patrios, ofrecerán, con su vida, el único y último sacrificio que demostrará la veracidad y convicción de los ideales que promulgan. Lo digo porque el pueblo cubano ya lo ha hecho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy