El regreso de lo que el castrismo enterró: 70 años de retroceso

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Por Jorge Menéndez ()

Cabrils.- Tiraron por la borda 70 años. Los hechos, más que las palabras, evidencian el fracaso de un modelo que el gobierno cubano se niega a reconocer como inviable. Siete décadas después de la revolución, el régimen se ve forzado a resucitar los negocios privados que antaño calificó como «capitalistas» y eliminó sin piedad, y ahora los presenta como «innovadoras formas de propiedad» dentro de un socialismo dolarizado que justifica en el bloqueo, no en su propia ineficiencia.

El sacrificio de generaciones enteras —abuelos y padres que trabajaron para construir una vida digna— fue vilipendiado por una casta que aún hoy pretende vivir a costa del pueblo. Hoy, el gobierno intenta restablecer, aunque sea de otra forma, lo que arrebató sin razón. No fue más que un capricho de Fidel Castro. En perspectiva, no solo le robaron el sustento a padres y abuelos: robaron 70 años de vida a varias generaciones de cubanos que hoy, aunque deseen emprender, no pueden hacerlo por edad, salud o falta de capital.

Los «revolucionarios» socialistas se ufanan ahora de la primera casa de cambio «particular» y de una supuesta «gasolinera» privada. Pero surgen preguntas incómodas: ¿qué pasó con el plan gubernamental para comprar y vender dólares que se anunció hace apenas seis meses? Su fracaso es estrepitoso, como el de todos los planes del gobierno. ¿De quién es realmente esa casa de cambio? ¿De dónde sale el capital si el país está en bancarrota?

Un engaño tras otro

El gobierno cubano engaña a cada paso para maquillar la situación, y con estas medidas superficiales va extrayendo poco a poco los millones robados para empoderar a las familias de la casta. La gran burguesía socialista ya muestra sus garras, porque la necesidad de mantenerse en el poder las obliga.

Pronto veremos bancos con capital privado, y la gestión de la gasolina caerá en manos «privadas». Todo, poco a poco, seguirá en manos de los comunistas acaudalados, que disfrazan estos negocios como privados.

La secuencia es clara: primero pequeños negocios, luego las grandes empresas, que son las que realmente generan pingües beneficios. Los socialistas-capitalistas ya asoman su rostro en el horizonte de Canel. No es más que otra estafa, otra vida robada, junto con la dignidad. Habría que analizar hasta dónde llega nuestra propia culpa, que sin duda existe. El precio de este crimen, hoy por hoy, resulta impagable.

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