Marrero descubre que La Habana tiene problemas

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Por Oscar Durán

La Habana.- Este es un país de locos: mientras el Partido de la Lisa arde en llamas, según reportes en redes, los dirigentes siguen de reunión en reunión y no acaban de aterrizar en esta realidad asquerosa. Esta vez le tocó a Manuel Marrero encabezar otra sesión de trabajo para “atender integralmente las complejidades de La Habana”, una frase tan larga como inútil.

Si algo domina el régimen cubano es el arte de reunirse eternamente para diagnosticar problemas que llevan años destruyendo al país. Uno lee la nota de esas reuniones y parece estar viéndolos convencido de que el pueblo vive pendiente de la “rotación de bloques”, la “transición energética” y las “estrategias definidas para radiobases”.

Sin embargo, no hay nada más lejos de eso: el cubano común solo quiere saber dos cosas básicas: cuándo abandonarán el poder y si algún día podrá bañarse con agua saliendo de la ducha.

Los dirigentes capitalinos insisten en que todo sigue siendo complejo por falta de combustible y salidas inesperadas de unidades de generación. En otras palabras: nada funciona, nadie puede arreglarlo y toca seguir improvisando. Eso sí, tranquilos, hay brigadas de respuesta rápida. Rapidísimas, de hecho. Tan rápidas que todavía cientos de miles de personas siguen sin agua y con transformadores explotando como si fueran fuegos artificiales patrióticos.

También aparece la dosis obligatoria de optimismo revolucionario: “no son tiempos de oficina, sino de estar en la calle junto al pueblo”. Tremenda novedad. Lástima que el pueblo lleva décadas en la calle resolviendo solo, mientras los dirigentes descubren periódicamente que existen barrios, comunidades y familias vulnerables. Cada crisis parece ser para ellos una revelación antropológica.

La conclusión ya es un clásico del género: mensaje de aliento, confianza plena y promesa de que “vamos a echar la pelea y vamos a ganarla”. Lo curioso es que esa pelea lleva más de medio siglo y el marcador no luce muy favorable.

Cuba sigue apagada, seca, desconectada y sobreviviendo a base de comunicados optimistas. Pero al menos queda algo estable en el país: la capacidad infinita del régimen para reunirse a hablar de problemas que nunca resuelve.

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