
Doña Celeste, la senadora que se cree princesa, pero que habla como villana de telenovela barata
Por Yoyo Malagón ()
Houston.- Señora Celeste Amarilla de Boccia, siéntese un momentico, respire hondo y pregúntese: ¿cómo es que una senadora de la República de Paraguay, con responsabilidades que deberían ir más allá de su cuenta de Twitter, termina convertida en la fan número uno del insulto étnico y la burla clasista? Porque usted, doña, primero llamó a Kylian Mbappé “camerunés colonizado”, le dijo que “chupó coco en vez de leche materna” (eso, para los que no pillan, es un racismo de manual), lo tildó de bruto, nuevo rico, arrogante y feo, y hasta pidió que le dieran una bofetada después del partido.
¿Y ahora, cuándo el hombre le responde con una frase que le dolió en el alma, usted se pone el traje de víctima y amenaza con acciones legales por “violencia de género”? ¡Ay, doña Celeste! Usted no es una dama ofendida, es una matrona del insulto que no soporta que le devuelvan el plato caliente.
Usted dice que Mbappé la llamó “mujer despreciable e indigna de su cargo”. ¿Y acaso se equivocó? Porque una senadora que usa su escaño para lanzar improperios racistas contra un deportista, que se ríe del origen africano de un muchacho que ha dado gloria a Francia, y que además se permite aconsejar “bofetadas de mano abierta” porque su selección no le metió un gol, no es una política, es una barrera brava con toga y título nobiliario.
Lo grave no es que Mbappé haya sido duro, lo grave es que usted, señora, cree que el respeto es un pase de ida, pero no de vuelta. Usted le faltó el respeto a su mamá, a su papá, a su país y al sentido común, y ahora viene llorando porque el niño respondió. Eso no es feminismo, es cinismo con faldas.
Eso no es feminismo
Y ya que menciona el feminismo, permítame decirle, sin miedo a que me caiga el ministerio de la verdad encima: el feminismo no es un escudo para que usted, después de haber escupido veneno racista, se pare como defensora de la mujer ultrajada. El feminismo de verdad es lucha, es igualdad, es dignidad, no es una coartada para que una senadora que humilla a un joven por su color de piel y su origen, ahora grite “violencia de género” porque le contestaron con la misma moneda, pero en billetes de menor denominación.
Usted no representa a las mujeres paraguayas, doña Celeste, las representa a las tías amargadas que en la mesa familiar tiran pullas y después se ofenden si les devuelven el chiste. El feminismo no es un pañuelo para llorar cuando uno pierde, es una bandera para construir, y usted la está usando para limpiarse los mocos del ego.
¿Sabe qué es lo más patético, señora senadora? Que usted, con toda su carrera política, se rebajó a insultar a un futbolista como si fuera un vecino ruidoso al que le grita desde el balcón. Le dijo “muerto de miedo”, “nervioso”, que su equipo ganó “de pedo”, y hasta cuestionó su nacionalidad francesa como si fuera un título de propiedad que usted puede quitarle.
¿Y qué cree? Que el muchacho, que está acostumbrado a que le silben en estadios de 80 mil personas, se iba a quedar callado ante una senadora que parece más dedicada a hacer periodismo deportivo de tabloide que a legislar. Mbappé no solo tiene derecho a responder, tiene la obligación de hacerlo, porque si los famosos se tragan cada sapo que les lanzan, al final parecen ranas, no personas. Usted le dio duro, y él le devolvió con estilo, que para eso es campeón del mundo, y no solo en la cancha.
Pida disculpas a Paraguay y luego renuncie
Ahora, doña Celeste, usted amenaza con acciones legales. ¿Acciones legales por qué? ¿Por herir su susceptibilidad de señora de bien, que mientras tanto llamó simio a un negro? Porque eso es lo que hizo cuando dijo lo del coco, y no me venga con cuentos de que era una metáfora gastronómica. En cualquier juzgado decente, lo que usted dijo es injuria racial y discriminación, que pesan más que un “mujer despreciable” sacado de su contexto.
Pero claro, en su mundo de privilegios, ofender a un poderoso es pecado, pero ofender a un migrante, a un africano, a un joven que triunfó a pesar de todo, es solo “crítica deportiva”. Si hay alguien que debería pedir disculpas, es usted, y no al jugador, sino a Paraguay entero, porque da vergüenza que una senadora hable así en nombre de un país que tiene más dignidad que la que usted exhibe.
Así que, señora Amarilla, guarde sus amenazas legales y sus lagrimitas de cocodrilo, porque el único delito que cometió Mbappé fue no dejarse humillar. Los paraguayos, que son gente trabajadora y respetuosa, deberían exigirle su renuncia inmediata, no porque sea mujer, sino porque es una mala política y una peor persona.
Usted no representa a nadie más que a su propio despecho, y si no se retracta de sus barbaridades, mejor dedíquese a tejer o a ver telenovelas, porque para dar lecciones de respeto, le falta mucha escuela. Y a Kylian, que siga callando bocas con goles, que para eso está, mientras usted sigue coleccionando ridículos. Doña, el respeto no se exige, se cultiva, y usted sembró odio, así que no coseche flores.
Por cierto, no será usted familia de José Luis Chilavert, ¿verdad?






