
La prostitución del régimen: cuando permitir es la última confesión
Por Jorge Sotero ()
La Habana.- Cualquier día, de tanto darle para atrás y para adelante a las actividades por cuenta propia, el castrismo volverá a permitir la prostitución, y es lo menos que puede hacer un gobierno prostituido desde hace mucho tiempo.
Porque cuando has pasado 67 años diciendo que el sol sale por el oeste y, de repente, te levantas una mañana y anuncias que el sol sale por el este, no estás corrigiendo el rumbo: estás admitiendo que durante 67 años has estado mintiendo. Eso es exactamente lo que ha hecho la Asamblea Nacional de Cuba con su flamante Decreto 160: desandar el camino que ellos mismos pavimentaron con dogmas, prohibiciones y controles, como si el tiempo no hubiera pasado y el pueblo no hubiera pagado el precio de su terquedad.
La señora Lázara Mercedes López Acea, presidenta del Instituto Nacional de Actores Económicos No Estatales, salió a anunciar que ahora 46 actividades dejan de estar prohibidas y otras 35 se modifican. Suena a progreso, ¿verdad? Pero no es más que la confesión de que el modelo que impusieron durante décadas era un fracaso. Ellos, los mismos que llamaban «cuentapropismo» al delito y «neoliberalismo» a cualquier intento de respirar fuera del monopolio estatal, ahora descubren que las pequeñas empresas, las cooperativas y los trabajadores por cuenta propia pueden ser «útiles». Qué generosos.
Cinismo en estado puro
Pero cuidado: no se trata de una privatización, dice la funcionaria con la cara más seria del mundo. No, esto es «fortalecimiento del sistema empresarial nacional», manteniendo a la empresa estatal socialista como actor principal. Es decir, que el Estado sigue siendo el dueño del juego, pero ahora permite que otros muevan las fichas, siempre y cuando no toquen el tablero.
Y mientras tanto, los cubanos se preguntan: ¿de qué sirve abrir 46 actividades si no hay electricidad para hacer funcionar un motor, si no hay combustible para transportar la mercancía, si no hay materia prima para producir nada?
Lo más cínico de todo es que el régimen presenta estas medidas como una concesión a las «necesidades actuales de la economía» y al «complejo escenario» agravado por el bloqueo. Pero el bloqueo lleva 60 años, no seis meses. Durante todo ese tiempo, los Castro y su cohorte han tenido el poder absoluto para decidir, para planificar, para construir. Y lo único que construyeron fue una ruina.
Ahora, cuando las presiones de Estados Unidos aprietan y la soga les roza el cuello, se ponen a «flexibilizar» como si estuvieran haciendo un favor. Pero la culpa de la pobreza no es de Trump ni de Marco Rubio: es de los que durante décadas prefirieron invertir en tanques y discursos antes que en hospitales y panaderías.
Prostitución hasta en los discursos
Y lo peor es que esta «apertura» no toca el centro del problema. Las farmacias privadas podrán vender medicamentos, pero los medicamentos no existen en el país. Las residencias para ancianos podrán abrir, pero los ancianos no tienen pensión para pagarlas. Las importaciones de vehículos eléctricos podrán realizarse, pero los cubanos no tienen dinero para comprarlos.
Es como abrir la puerta de un restaurante cuando no hay comida en la cocina. La flexibilización es una ilusión, un espejismo que el régimen utiliza para decir «mira, estamos cambiando», mientras el pueblo sigue haciendo colas para un pan que no llega.
Al final, estas medidas no son un acto de generosidad ni de inteligencia. Son un acto de desesperación. Un gobierno que durante 67 años prohibió, persiguió y castigó, ahora se ve obligado a permitir porque ya no puede controlar. Y en esa carrera por deshacer lo que ellos mismos hicieron, cualquier día de estos van a legalizar la prostitución.
Pero, como bien decía la frase inicial, es lo menos que puede hacer un gobierno prostituido desde hace mucho tiempo. La diferencia es que la prostitución del régimen no se ejerce en las esquinas, sino en las instituciones, en los discursos y en la dignidad de un pueblo que sigue esperando que alguien, por una vez, les devuelva la vida que les robaron.






