Poca Gobernanza

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Por Arturo Mesa

Atlanta.- Dice la Oficina Nacional de Estadísticas que se han recibido un 49,5 % menos de visitantes extranjeros que el año anterior, que ya iba siendo un 40 % menos que el anterior y que, a su vez, era un treinta y tantos por ciento menos que el otro. Y así.

Dicen que cierra la Torre de los 200 millones, que se va Meliá, que se va Aston, que el Packard está a un cuarto de máquina y que no llegan ni los rusos.

Y yo me pregunto si algún digno funcionario, ministro o miembro del Parlamento, de esos a los que les gusta explicar que todo tiene un propósito, me va a justificar la estrategia de invertir en hoteles, marinas y cayerías que tomó el Gobierno de manera inconsulta y para la cual malgastó el presupuesto de los próximos cinco años de cada ciudadano del país. ¿Qué directivo será expulsado, ministro o viceministro? ¿Qué lógica del desarrollo humano permite que siga al frente de sus funciones quien erró de tamaña manera? ¿Cuál acápite de la Helms-Burton motivó estas decisiones de “posibles” ingresos en dólares y no en sembrados de malanga y tilapia?

Luego del COVID, el mundo aprendió a viajar de manera distinta y Cuba, por conveniencia de ingresos, por avaricia y por malos consejos, decidió seguir apostando al turismo pudiente y masivo.

Las caprichosas inversiones en turismo desangraron las reservas del país, persiguiendo al turista pudiente y no al repitiente. Y, para no tener que dar la cara por ello, el Gobierno se ha trazado la estrategia de culpar cada deficiencia a las presiones del Norte. Si no hay agua, es por “la presión del Norte” y no por los recursos no destinados a las arcaicas fuentes de abasto.

La política del Norte puede o no tener un impacto sustancial —ni me interesa el tema; eso es solo una justificación para fracasados. De lo contrario, habría que preguntarle a Canadá—, pero yo, encargado de la prosperidad de un país, me tengo que defecar en la política del Norte y sembrar malanga y tilapia si no puedo acceder al sistema financiero internacional. Pero en mi casa, vaya, no hay dólar, pero tiene que haber agua, luz, malanga y tilapia.

Mi única razón de existir como Gobierno es hacer funcionar cada aspecto de la vida de mi coordenada geográfica en Google Maps. De lo contrario, sobro como garante del bienestar social de la comunidad que me puso al frente. De ahí para allá, lo demás es mucha dictadura y poca gobernanza.

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