
La revolución descubre a los pobres
Por Yeison Derulo
La Habana.- Después de sesenta y seis años gobernando, la dictadura acaba de descubrir que en Cuba existen ancianos solos, madres que no tienen qué darle de comer a sus hijos y familias enteras viviendo en condiciones de vulnerabilidad.
Lo mejor no es eso. Lo mejor es la solución: una plataforma digital llamada Soberanía. Sí, leyeron bien. El país donde a cada rato se cae la corriente, donde hay lugares sin cobertura y donde miles de ancianos apenas saben usar un teléfono, ahora pretende que los más necesitados pidan ayuda por internet.
Hay que reconocerles el sentido del humor.
El ministro Jesús Otaméndiz, ministro de Trabajo y Seguridad Social, asegura que «el ser humano está en el centro» de la Revolución. Uno no sabe de cuál ser humano habla, porque basta caminar dos cuadras por cualquier barrio de Cuba para encontrarse a un abuelo vendiendo dos jabitas de maní para completar una pensión que no alcanza ni para una semana de comida.
Ahora también invitan a los vecinos a denunciar casos de vulnerabilidad. Como si el problema fuera encontrarlos. En Cuba no hace falta una aplicación; basta con asomarse a la ventana.
El jubilado que combatió en Angola y hoy no puede comprar un cartón de huevos. La madre que hace malabares para alimentar a tres hijos. El enfermo que depende de un medicamento que nunca aparece. El discapacitado cuya familia vive haciendo milagros para llegar a fin de mes. No hay que buscarlos en una base de datos. Están por todas partes.
Lo más simpático es que hablan de «identificar» la pobreza, como si hubiera permanecido escondida durante décadas. La pobreza en Cuba no necesita diagnóstico. Tiene nombre, dirección y libreta de abastecimiento.
La plataforma se llama Soberanía, pero lo que de verdad necesita el cubano no es otro formulario digital. Necesita poder comprar comida con su salario, que la pensión alcance para vivir con dignidad y que en los hospitales haya medicamentos.
De aplicaciones, registros y transformaciones ya el pueblo está graduado. Lo que sigue faltando es lo único importante: soluciones.






