
Los cubanos estamos en estado de supervivencia psicológica
Por Israel Manuel Fagundo Pino (Médido Especialista en Psiquiatría, máster en Psiquiatría Social)
La Habana.- No es cansancio. No es falta de fe. Es agotamiento profundo. Día tras día, millones de cubanos despertamos y lo primero que hacemos no es planear el futuro, sino preguntarnos si hay comida para hoy, si hay agua, cuántas horas de luz tendremos, si podré conseguir el medicamento que necesito. Eso no es vivir. Eso es sobrevivir. Y cuando el cerebro humano se instala en modo supervivencia, todo lo demás se colapsa.
Desde la psicología y la psiquiatría, observamos con preocupación cómo la crisis material se convierte en crisis emocional. Las carencias que mencionamos, alimentos, medicinas, apagones prolongados, inflación imparable, deterioro de los servicios médicos y problemas ambientales, no solo dañan el cuerpo, dañan la mente.
Las consecuencias
Estas son algunas de las consecuencias que ya estamos viendo en las consultas y en las comunidades.
Hipervigilancia constante: el cerebro permanece en alerta permanente, lo que agota los recursos energéticos y genera ansiedad crónica.
Desesperanza aprendida: cuando las soluciones no llegan, muchas personas dejan de intentarlo, cayendo en apatía y depresión.
Irritabilidad y conflictos familiares: el estrés sostenido rompe los lazos afectivos y aumentan las discusiones y la violencia intrafamiliar.
Duelos anticipados: perder seres queridos por falta de atención médica o medicamentos deja heridas que no cicatrizan.
Pérdida del proyecto de vida: jóvenes que no ven futuro, adultos que sienten que todo su esfuerzo fue en vano, ancianos que mueren en soledad.
No es locura, es una reacción humana
No estamos locos. Estamos respondiendo con cordura a una situación insana. Pero también queremos decirles algo importante: sentirse mal en un contexto adverso no es un trastorno, es una reacción humana válida. No se castiguen por estar tristes, irritables o agotados. Es su mente diciéndoles que algo no va bien. Sin embargo, no podemos quedarnos solo en el diagnóstico. Necesitamos cuidarnos entre todos.
Reconocer nuestras emociones sin culpa. Buscar espacios de apoyo mutuo en la familia y la comunidad. Reducir el consumo de noticias alarmantes; informarse, pero sin saturarse. Practicar pequeños rituales de cuidado personal: respirar, caminar, hacer ejercicios, escuchar música, hablar.
Pedir ayuda profesional cuando el malestar impida dormir, comer o levantarse. La salud mental en Cuba no es un tema individual. Es un tema de todos. No basta con consignas o resistir. Hace falta visibilizar, denunciar con respeto y exigir soluciones, al mismo tiempo que nos tendemos la mano. Porque, aunque el sistema falle, el abrazo de un vecino, la palabra de un amigo y la escucha de un profesional siguen siendo medicina para el alma.
No están solos. No están locos. Están sobreviviendo. Y sobrevivir, en estas condiciones, ya es un acto de valentía.






