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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- Existe una vieja canción cubana – o boricua- cuyo estribillo decía: “Buche y pluma na’má eres tú, buche y pluma na’má.” En el lenguaje popular, la frase describía a quien hacía mucho ruido, lanzaba amenazas y presumía de valentía, pero a la hora de la verdad no pasaba de la pose.

Pues bien, si hubiera que buscarle un destinatario moderno a aquella canción, Miguel Díaz-Canel tendría grandes posibilidades de quedarse con el premio.

Cada vez que la Casa Blanca anuncia una nueva sanción, el designado presidente cubano reaparece con el mismo libreto de siempre: discursos inflamados, gestos de héroe de utilería y promesas de una resistencia casi épica. Habla de dignidad, de combate y de convertir a Cuba en un baño de sangre si alguien osa intervenir en la isla (https://www.youtube.com/watch?v=BOUVeBrwy3k).

El mensaje no va dirigido a los cubanos, que hace años dejaron de creer en esos discursos, sino a Washington, con la esperanza de convencerlo de que cualquier acción tendría un costo demasiado alto.

Y, para ser justos, ese cálculo puede haber surtido algún efecto. Ninguna administración estadounidense desea una confrontación militar ni una nueva ola migratoria descontrolada desde Cuba. Tal vez ese escenario haya contribuido a retrasar una solución definitiva al problema cubano. Pero una cosa es la prudencia estratégica y otra muy distinta creer el teatro que se representa desde La Habana.

El escenario es una cosa… y el público otra

La realidad es que muy pocos cubanos están dispuestos a sacrificar algo por una dictadura que lleva décadas sacrificándolos a ellos. Nadie entrega la vida por los apagones, las libretas de racionamiento, los salarios de miseria o las promesas incumplidas. Ni siquiera muchos de los que todavía militan en las filas oficiales parecen dispuestos a inmolarse por un sistema que hace tiempo dejó de entusiasmar hasta a sus propios defensores.

Por eso cuesta creer las bravatas oficiales. Si algún día sonara el primer cañonazo, es mucho más probable que las calles se llenen de cubanos gritando: ”¡Cuba sí, castrismo no!”, que de voluntarios dispuestos a defender el inmovilismo revolucionario.

Así que me permito recordar un consejo que escuché muchas veces de mis padres cuando era niño y que nunca perdió vigencia: “No creas en alardes ni en guaperías; perro que ladra, poco muerde.”

Y, visto lo visto, aquella vieja canción sigue teniendo plena actualidad.

Porque, al final, el régimen de la’bana es exactamente eso: Buche y pluma… na’má (https://www.youtube.com/watch?v=pyuovI-Qmtg).

Buche y pluma na’má
El trío Matamoros

(La canción la popularizó el Trío Matamoros, y aunque no se sabe bien quién es su autor, todo parece indicar que se trata del boricua Rafael Hernández)

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