El gol que no se vio

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- El mundo entero mira a Erling Haaland por lo que hace en la Copa Mundial y sus estadísticas de videojuego, pero el gigante noruego acaba de dejar una huella en un lugar mucho más silencioso: una biblioteca. Sí, una biblioteca. Donde no hay gradas, ni gritos, ni césped. Donde el único ruido es el de las páginas al ser volteadas. Porque Haaland, junto a su padre Alfie, ha comprado una joya de 1594: la Heimskringla, las sagas de los reyes noruegos escritas por Snorri Sturluson en el siglo XIII. Y no para guardarla en una caja fuerte.

El libro no era un cromo ni un balón firmado. Era una de las primeras puertas impresas hacia el pasado de Noruega: reyes medievales, guerreros, campesinos, linajes y batallas que ayudaron a construir la memoria de un país que entonces ni siquiera tenía imprenta propia. La edición, basada en la traducción del jurista Mattis Størssøn, tuvo que imprimirse en Copenhague, como quien pide un favor al vecino. Pagaron 1,3 millones de coronas noruegas, una cifra récord para un libro noruego. Pero lo importante no fue el precio.

Lo importante vino después. No lo encerraron en una colección privada para presumir de reliquia. Lo donaron a la biblioteca de Bryne, el pueblo donde Haaland creció, para que la gente de Time y Jæren pudiera acercarse a esas historias antiguas y reconocer en ellas algo propio. Haaland lo explicó con una frase que debería estar enmarcada: quería que el libro permaneciera abierto para que la gente pudiera leer sobre quienes venían de los mismos lugares que él. Un futbolista que rompe defensas decidió proteger algo mucho más frágil que un récord: la memoria.

El papel de los libros en la historia

Y ahí está la fuerza de esta historia. Porque un pueblo no se construye solo con estadios, himnos y victorias. También se construye con libros, con relatos que pasan de una generación a otra, con niños que descubren que antes de ellos hubo otros nombres, otras luchas y otros sueños sobre la misma tierra. Los Haaland no se quedaron en el gesto: impulsaron una competencia de lectura para estudiantes de Time. Las clases ganadoras serán invitadas a ver un partido de la selección noruega en el estadio Ullevaal. La imagen es poderosa: un libro del siglo XVI abriendo una puerta para lectores del siglo XXI.

Haaland pudo haber comprado una reliquia para colgarla en su salón y contar la historia en las cenas. Prefirió devolverla a su pueblo, a los suyos, a los que comparten su tierra aunque no compartan su altura ni su velocidad. En tiempos donde casi todo se mide en fama, dinero y estadísticas, ese gesto recuerda algo simple: también hay grandeza en hacer que la historia vuelva a casa. Y que un gol, a veces, no se marca en el área, sino en el alma de una comunidad.

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