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Por Luis Alberto Ramirez ()

Miami.- Luis Manuel Otero Alcántara está siendo procesado en una casa de retención del MININT con el propósito de obligarlo a abandonar el país. Aunque el activista se niega a aceptar el destierro, todo parece indicar que, para el régimen, la salida del territorio nacional es una decisión impuesta y no una elección personal.

Para que el gobierno cubano pueda conseguir su objetivo, necesita que otro país acepte recibir al opositor. Y ahí surge una pregunta que me hago: ¿qué pasaría si Estados Unidos no le concede una visa de refugio?

No tengo la respuesta, pero lo más probable es que intenten enviarlo a España, como ocurrió con los presos políticos liberados en aquella primera oleada de excarcelaciones y expulsiones. Es muy posible que el gobierno de Pedro Sánchez termine aceptándolo, pero, conociendo la trayectoria y el carácter de este activista, no sería difícil imaginar que su presencia represente un desafío para las autoridades españolas.

Luis Manuel Otero Alcántara no es una persona que se mantenga en silencio. Su forma de actuar y de expresarse lo han convertido en una figura incómoda para el régimen cubano. Por eso, su permanencia en Cuba representa un problema para las autoridades, pero su salida del país tampoco significa necesariamente el fin de su voz.

El dilema para el gobierno cubano es que, aunque intenten alejarlo físicamente de la isla, no pueden desterrar sus ideas ni impedir que continúe denunciando aquello que considera injusto. Ya sea desde Cuba o desde cualquier otro lugar donde pueda vivir, Luis Manuel seguirá siendo una voz crítica que el régimen no ha logrado silenciar. Y va a seguir denunciando a la dictadura, aunque lo manden para el polo norte.

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