La profesora que le cantó las 40 al heredero y pone en apuros a la vocera de Díaz-Canel

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- En Cuba, una madre ha hecho lo que nadie se atreve: pararle el carro al nieto de Raúl Castro. María del Carmen Hernández Carús, ciudadana de a pie, y profesora universitaria, según ella misma se define, ha subido a su Facebook un texto que ha puesto a temblar a más de uno dentro de la escala de poderes. Y no es para menos.

Su hija, Leticia Martínez Hernández, es la jefa del grupo de prensa de Miguel Díaz-Canel. Antes, fue la voz de Raúl Castro. Si la madre habla, la hija tiembla. Y si la madre habla contra el heredero, la hija puede besar su puesto.

Hernández Carús se pregunta en voz alta: «¿Por qué alguien entrevista a Raúl Guillermo -el heredero-sobre el tema Cuba?» «¿Por qué este joven se deja entrevistar y asume un rol que no le corresponde?» «¿Alguien pudiera bajar de la nube a este muchacho?» Las preguntas son veneno en un país donde las preguntas no se hacen.

El muchacho es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias El Cangrejo. Nieto de Raúl Castro, hijo de Déborah Castro, heredero aparente de la dinastía. Y su crimen, a ojos de Hernández Carús, no es hablar, sino hablar sin cargo, sin autoridad, sin saber. Y peor aún, para ella, hacerlo en USA Today, ofreciéndose a negociar con Trump.

¿Qué pasará con Leticia Martínez?

«Las balas para esas negociaciones no se compran en un mercado agropecuario», sentencia la madre. Y tiene razón. Pero en la Cuba castrista, tener razón no es una defensa, es una sentencia. La madre ha puesto el dedo en la llaga: si El Cangrejo habla, ¿quién necesita a Díaz-Canel? ¿Quién necesita a la cancillería? La familia Castro se come al Partido.

El problema, como ella misma apunta, es que nadie le para los pies al muchacho. Y si nadie lo hace, es porque no pueden, porque no quieren, o porque el mismo sistema que debería controlarlo lo protege. O todos le tienen un miedo atroz, entre ellos el propio Díaz-Canel. Hernández Carús lo dice claro: «Zapatero a su zapato». O sea, cada uno en su sitio. Pero en Cuba, los zapatos se los pone la dinastía.

La pregunta ahora es: ¿qué pasará con Leticia Martínez? Su madre ha cometido un delito de lesa majestad. Ha cuestionado al nieto de Raúl Castro en público. La respuesta del régimen será, como siempre, silenciosa y ejemplarizante. La hija pagará por la osadía de la madre. O la madre pagará por la osadía de su hija. O ambas. Porque en Cuba, la sangre no es más espesa que el miedo.

El post de Hernández Carús ha destapado la olla a presión. Muestra que el poder no es monolítico, que hay grietas, que hay voces, incluso entre los fieles, que se atreven a decir lo que muchos piensan: el heredero es un problema. Un problema que nadie sabe cómo resolver, porque en la familia Castro, las decisiones no se toman en las urnas, sino en la mesa familiar. Y en esa mesa, El Cangrejo sigue teniendo el mejor asiento.

PD: Por cierto, a Leticia Martínez le puede pasar como a Boris Fuentes, el que reveló aquello de que «la limonada es la base de todo». Estemos atentos.

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