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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- El dinero en Cuba es un fantasma que se esfuma entre los dedos. Los bancos no tienen efectivo ni para pagar las jubilaciones, las colas se alargan bajo el sol y el que llega a la ventanilla después de horas de espera escucha la misma cantinela: «No hay billetes, vuelva mañana». Y mañana es siempre igual: otro día perdido, otra promesa incumplida, otra demostración de que el sistema financiero está más roto que la confianza de los cubanos.

Pero lo peor no es la escasez. Lo peor es la hipocresía. Mientras las autoridades bancarias predican la digitalización como la panacea, en la realidad no hay corriente eléctrica para cargar un teléfono, el internet va y viene como un suspiro y la mitad de la población no tiene un celular digno para hacer una transferencia. Así que el «progreso» tecnológico se convierte en una burla para el que quiere comprar un huevo y no tiene un billete en el bolsillo.

Y en medio de ese caos, los que mandan se ríen del resto. Porque ellos sí tienen acceso al dinero. Ellos sí pueden mover cifras millonarias sin que nadie les pida explicaciones. Los amigos de los directivos, los cómplices del régimen, los mismos que se llenan la boca hablando de «revolución», disfrutan de privilegios que el pueblo solo ve en sueños. Mientras el cubano de a pie se desvive por 500 pesos, los millonarios pasan por las ventanillas como Pedro por su casa.

Corrupción en Camajuaní

De 500 pesos y amigos millonarios
En la foto, la directora del BPA de Camajuaní

El caso de Camajuaní es la foto perfecta de esta podredumbre. Gema Morales, directora del BPA, convirtió el banco en su negocio personal: al pueblo le da migajas, a sus amigos les abre las compuertas del dinero a cambio de su buen porcentaje. Y su esposo, Alexander Machado, en el mismo negocio, porque la corrupción en esta isla no es una excepción, es una costumbre. No hay ley que los detenga porque la ley la escriben ellos y la aplican contra los demás.

¿Hasta cuándo tendrá que soportar el pueblo que los recursos públicos se manejen con la misma discreción que una cuenta privada? ¿Hasta cuándo los bancos serán sucursales de la mafia oficial? Mientras los funcionarios hablan de controles y auditorías, la realidad es que los únicos que controlan algo son los que roban, y las únicas auditorías que se hacen son las que les convienen. El dinero de los cubanos no está en los bancos: está en los bolsillos de los amigos del régimen.

Exigimos, como dice la página en Facebook LMS Reporta, una investigación inmediata. Pero sabemos que esa investigación no llegará, o si llega, será para tapar el sol con un dedo. Porque en Cuba, la corrupción bancaria no es un delito: es un sistema. Y mientras los directivos sigan eligiendo a sus amigos y los amigos sigan pagando comisiones, el pueblo seguirá esperando sus 500 pesos. Esa es la verdadera moneda de la revolución: la miseria administrada por los mismos de siempre.

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