
La oposición que no se lo cree
Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Es una lástima que, en un momento en que Marco Rubio ha colocado la lucha contra el comunismo y el socialismo en el centro del debate político de Estados Unidos y ha influido para que el presidente Donald Trump adopte una postura mucho más firme frente al comunismo y al socialismo, gran parte de la oposición cubana organizada no esté siendo portavoz de ese mismo mensaje.
Esa oposición, que recibe espacio en medios y es presentada como representante de la causa cubana, debería ser la voz más dura contra el socialismo. Sin embargo, muchas veces aparece defendiendo la Constitución de 1940, una constitución con marcado carácter socialista, o evitando confrontar directamente a opositores que se declaran de izquierda.
Gran parte de la penetración comunista en Estados Unidos es culpa de la dictadura cubana, que durante décadas ha usado sus aparatos políticos y de inteligencia para influir en universidades, sindicatos, iglesias, organizaciones y espacios de poder.
Precisamente por eso, la oposición cubana debería ser la contraparte más firme de ese sistema. Pero en vez de actuar como una fuerza ideológica radicalmente opuesta al comunismo, muchas veces se muestra débil, tibia y dispuesta a dialogar con sectores que comparten ideas parecidas a las que destruyeron Cuba.
Resulta paradójico que figuras como Javier Milei y Agustín Laje, argentinos que no vivieron el comunismo cubano, sean hoy voces más claras contra el socialismo que muchos supuestos líderes de la oposición cubana.
No basta con llamarse opositor para ser defensor de la libertad. Si alguien defiende ideas socialistas, se declara de izquierda o quiere rescatar elementos del modelo que sostuvo a la dictadura, debe ser confrontado. Cuba no necesita una oposición que sea una versión moderada del régimen; necesita una oposición que represente una ruptura total con el comunismo y el socialismo.





