
Camagüey quiere combatir el hambre con patrimonio
Por Anette Espinosa
Camagüey.- Mientras media Cuba hace malabares para conseguir un poco de aceite, un paquete de picadillo o simplemente mantener la corriente eléctrica durante par de horas, la Oficina del Historiador de Camagüey decidió que el gran problema nacional es que los ciudadanos no están apreciando lo suficiente los valores patrimoniales de la ciudad.
La solución, por supuesto, no viene en forma de alimentos ni de transporte, sino de talleres de creación artística y recorridos por las calles adoquinadas del centro histórico. Porque, al parecer, el hambre también se combate con patrimonio.
El programa promete conciertos, exposiciones y proyectos comunitarios para que las familias «redescubran» Camagüey. Lo único que quizás no podrán redescubrir será el dinero para pagar un helado, una pizza o el combustible para llegar a las actividades. Pero eso es un detalle menor. Lo importante es que la agenda cultural esté impecable, aunque la libreta de abastecimiento siga siendo una novela de ciencia ficción.
Entre las grandes celebraciones figura el homenaje por el centenario del nacimiento de Fidel Castro. A estas alturas, cualquier programa oficial parece venir con una cláusula obligatoria: si hay una exposición de pintura, aparece Fidel; si hay un taller de cerámica, aparece Fidel; si organizan un torneo de dominó, probablemente también aparezca Fidel. No importa el tema, siempre termina colándose el mismo protagonista, como si el calendario nacional tuviera prohibido recordar otra cosa.
También presumen de inclusión social y de actividades para familias de menores ingresos. Una precisión innecesaria, porque hoy casi todas las familias cubanas entran en esa categoría. En un país donde el salario apenas alcanza para sobrevivir, hablar de programas especiales para quienes tienen menos recursos resulta casi un ejercicio de humor involuntario. Lo verdaderamente inclusivo sería garantizar que todos puedan llegar a fin de mes.
Y, para cerrar con broche de oro, los interesados deberán reservar sus recorridos con una semana de antelación en el buró de información. Una organización admirable. Ojalá la misma eficiencia existiera para vender gas, distribuir alimentos o evitar los apagones. Mientras tanto, Camagüey tendrá un verano lleno de patrimonio, talleres y discursos. Lo único que sigue faltando en la programación oficial es un espacio dedicado a explicar cómo sobrevivir al verano cubano sin electricidad, sin agua y con el refrigerador vacío.






