
El circo del 26 de Julio ya empezó
Por Anette Espinosa
Guantánamo.- Hay que reconocer que el régimen cubano tiene un talento extraordinario: convertir el absurdo en política de Estado. Los dirigentes provinciales andan desesperados porque cada municipio inaugure una obrita para el 26 de Julio. No importa si el techo de la casa se cae, si el hospital no tiene medicamentos o si un niño lleva meses sin probar un vaso de leche. Lo importante es cortar una cinta, posar para la foto y fingir que Cuba avanza. Ni en una comedia de humor negro se les habría ocurrido semejante guion.
Hablan de 37 obras en Guantánamo como si estuvieran construyendo el Dubái del Caribe. La realidad es bastante menos glamurosa. En varios municipios ni siquiera tienen algo que inaugurar, porque cuando un territorio vive atrapado entre apagones, pobreza y abandono, hasta pintar una acera termina convirtiéndose en una proeza revolucionaria. Celebran una vivienda reparada como si acabaran de levantar una ciudad entera. El nivel de conformismo oficial ya no conoce límites.
Lo más cómico es escuchar a Yoel Pérez García, primer secretario del Partido en Guantánamo, decir que todos los municipios deben proponerse inaugurar alguna obra «en correspondencia con el reconocimiento otorgado por el Buró Político». Traducido al español: aunque no haya dinero, materiales ni sentido común, inventen algo para que la propaganda tenga contenido. Es la vieja costumbre de maquillar la miseria con una capa de pintura fresca y unas cuantas banderitas. Después llega el 27 de julio y todo vuelve a caerse a pedazos.
Mientras tanto, más de siete mil guantanameros siguen con problemas para recibir agua porque los motores están rotos, los transformadores quemados y las estaciones de bombeo hechas un desastre. El comercio incumple sus planes, la economía hace aguas por todas partes y los servicios públicos agonizan. Pero tranquilos, compañeros, que lo verdaderamente urgente es inaugurar un consultorio remendado o una oficina recién pintada para que el noticiero tenga imágenes patrióticas.
Esta gente no cambia porque nunca ha gobernado pensando en resolver problemas, sino en fabricar espectáculos políticos. El país se desmorona delante de sus narices y ellos siguen organizando celebraciones como si administraran una potencia europea.
Cuba no necesita más actos inaugurales ni discursos triunfalistas. Necesita comida, electricidad, agua, medicamentos y oportunidades. Lo demás son cintas, aplausos y fotografías destinadas a esconder una realidad que hace rato dejó de creer en inauguraciones.






