Todavía una deuda

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- No es una canción de amor. Es una declaración de guerra. O más bien, un tratado sobre la cobardía emocional. Sabina puso las palabras. Calamaro les dio música. Y Los Rodríguez las grabaron en 1995, dentro de Palabras más, palabras menos. Pero lo que hicieron no fue un bolero ni una balada. Fue el retrato exacto de ese momento en el que quieres llamar, pero no llamas. Quieres acercarte, pero te quedas quieto. Quieres besarla, pero temes que el beso no sea suficiente.

La letra es un puñetazo de contradicciones. Sabina escribió desde el deseo y el miedo al mismo tiempo. Dice que espera, pero sabe que encontrarla puede hacerle daño. Dice que la quiere, pero pide que se vaya. Esa mezcla de urgencia y freno es lo que la convierte en real. Porque las relaciones de verdad no son perfectas. Son un tira y afloja. Son llamadas que no se hacen y promesas que se cumplen a medias. Son eso: un juego de opuestos que nunca termina de resolverse.

Calamaro entendió el texto como nadie. Le puso una música que no es ni triste ni alegre. Es una confesión nocturna. Como cuando estás solo a las tres de la mañana y empiezas a repasar todo lo que no dijiste. Los Rodríguez la convirtieron en un himno de esa etapa final, y después Sabina y Calamaro la cantaron juntos. Cada vez que la interpretaban, no era solo un dueto. Era el encuentro entre el que escribió el dolor y el que lo convirtió en melodía.

«Maldita sea, esa soy yo»

La canción termina admitiendo una deuda. No de dinero. Emocional. Todo lo que no se dijo. Todo lo que no se resolvió. Todo lo que se quedó colgado entre dos personas que se buscaron y se evitaron al mismo tiempo. Esa deuda es la que arrastramos todos. Por eso la canción sigue siendo cercana. Porque muchos de nosotros tenemos una historia así. Alguien a quien deberíamos haber llamado. Alguien a quien deberíamos haber besado. Alguien a quien, todavía, le debemos una canción de amor.

Y ese es el secreto. No es una canción sobre el amor perfecto. Es una canción sobre el amor imperfecto. Sobre el que duele. Sobre el que no se atreve. Sobre el que espera y sabe que esperar es una forma de no arriesgarse. Sabina y Calamaro, dos genios que se encontraron, escribieron el manual de los cobardes sentimentales. Y lo hicieron con tanta verdad que todavía hoy, treinta años después, seguimos escuchándola y pensando: «Maldita sea, esa soy yo».

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