
Cuba: ya no es el cómo, sino el cuándo
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Ya a los cubanos no les interesa cómo Estados Unidos va a intervenir en Cuba, sino cuándo. El secretario de Defensa, durante su visita a Guantánamo, lo resumió en una sola frase: “Todas las opciones están sobre la mesa del presidente; solo tiene que dar la orden”.
Sin embargo, aparentemente Trump está esperando que el régimen cubano entre en razón y acepte democratizar la isla. Eso no va a suceder. Aunque el tiempo se les agota, los gobernantes esperan resistir, a pesar del sufrimiento del pueblo, hasta que lleguen las elecciones de medio término y los demócratas le aten las manos al presidente.
Y es justamente aquí donde quiero hacer un paréntesis. Es cierto que, en las elecciones de medio término, el presidente en funciones suele perder el control de una de las cámaras del Congreso y, en ocasiones, de ambas. Sin embargo, ¿quién asegura que esta vez ocurrirá lo mismo?
Históricamente, el Partido Demócrata ha favorecido al régimen cubano. Desde lo que muchos consideran la traición de Kennedy durante la invasión de Bahía de Cochinos hasta nuestros días, los demócratas han tratado a la dictadura cubana como si fuera un gobierno legítimo, un Estado como cualquier otro con el que se puede dialogar, negociar y convencer de que la democracia es la mejor opción para llevar prosperidad y libertad a Cuba.
Pero lo que, a mi juicio, olvidan los demócratas estadounidenses es que Cuba no es simplemente un gobierno; es una estructura de poder que se apoderó del país por la fuerza y que, según esta visión, solo por la fuerza abandonará el poder.
Así ha sido durante los últimos 67 años. Sin embargo, ahora Trump, con un cubano como secretario de Estado y, al mismo tiempo, asesor de Seguridad Nacional, ha dejado clara su posición: “A los castristas hay que sacarlos como llegaron: por la voluntad de la fuerza”.
Pete Hegseth lo expresó de manera contundente para que no quedaran dudas: “Todas las opciones están sobre la mesa del presidente; solo esperamos su orden”.
Y todos sabemos que Trump no se caracteriza precisamente por su paciencia. En cualquier momento podría dar una sorpresa. Cuba sigue siendo una piedra en el zapato de Estados Unidos, y Trump no parece dispuesto a seguir caminando con esa molestia.






