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Por Luis Alberto Ramírez ()

Miami.- ¿Cuáles muertos escoges: los que mata de hambre y penurias el régimen de La Habana o los que pudieran morir en una intervención estadounidense? La respuesta debería ser comedida, porque muerto es muerto, sin importar las razones por las que haya fallecido.

En Cuba mueren cubanos a diario por falta de alimentos y medicinas. Han muerto y siguen muriendo mientras escapan de la dictadura en balsas rústicas a través del estrecho de la Florida o atravesando la selva del Darién. ¿Será que esos muertos no importan?

Esta pregunta se la hago a todos los cubanos: ¿vale más un muerto que defiende una dictadura que uno que muere en las calles cubanas, en las cárceles o tratando de escapar? La respuesta debería ser obvia. Sin embargo, para la dictadura, un cubano que muere defendiendo al régimen merece una sepultura, mientras que quien muere por su culpa muchas veces no tiene ni una caja donde colocar sus restos.

Esa es la cruda realidad. Desgraciadamente, no entendemos que la vida es una especie de línea recta imaginaria que atraviesa el tiempo y vibra una sola vez durante un breve instante. Todos deberíamos disfrutar esa vibración, porque cuando deja de hacerlo, continúa siendo una línea recta imaginaria que no volverá a vibrar jamás.

No se debe perder la vida por ningún líder, por ninguna ideología, por nada ni por nadie, porque una vez que la pierdas, nada ni nadie te la devolverá jamás.

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