
La vergüenza de una isla
Núremberg.- El universo está colmado de galaxias en plena efervescencia, donde el subsistir es una lucha constante y natural. El mundo vibra; todo se agita vertiginosamente en pos de la longevidad que mantiene un orden dentro del caos.
Somos polvo en el viento. La Tierra es un grano minúsculo, un pececito navegando por el espacio. En ella habitamos seres que un día nos autoproclamamos Homo sapiens.
Ocho millones de esos seres —antes eran once— viven en una isla llena de problemas, de malos gobiernos, dictaduras y empecinamientos que nada tienen que ver con el sistema solar ni con la galaxia que nos hospeda. Hoy lamentamos tanta pestilencia ideológica y sufrimiento común, donde unos «polvillos» en el viento quieren seguir con su negocio de venta de lágrimas cubanas, pero en divisas extranjeras.
Y después de tantas cuitas, gente presa, palizas y fusilamientos, esos polvillos, lejos de acercarse al pueblo, se lamen las heridas detrás del telón con su némesis histórica; todo a espaldas de esos millones que hace décadas no duermen, ni comen, ni ríen.
Posible resultado final: a pesar de habernos autoproclamado Homo sapiens y de soñar con una islita hermosa y próspera, esos polvillos fangosos, sin contar con el pueblo, van a seguir sometiéndolo, y esta vez con un cangrejo como líder.
Somos la vergüenza de la galaxia.






